La revolución del 43, el fin de la "Década Infame"
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Blas García*
La revolución del 43, el fin de la "Década Infame"
 
Ver imagen El ocaso del radicalismo y el nacimiento del peronismo. Jauretche y Perón
El golpe militar del 4 de junio de 1943 puso fin al gobierno oligárquico de Ramón Castillo y a la llamada "década infame", signada por el fraude electoral sistemático, la represión a opositores, la proscripción y la entrega de la patria.

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Fecha:05/06/2009 6:41:00 
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Fin de la década infame
La vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente, expresión de los intereses de los terratenientes de la pampa húmeda y de la burguesía comercial y financiera, asociadas al capital extranjero, recuperó el control del aparato gubernamental tras al golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al gobierno popular y democrático de Hipólito Yrigoyen y se mantuvieron hasta el 4 de junio de 1943.
n 1943 debían realizarse elecciones para elegir a un nuevo presidente mediante el conocido método del "fraude electoral patriótico" que daría la presidencia al oligarca Robustiano Patrón Costas, empresario azucarero de Salta, asegurando la continuidad y profundización del régimen entreguista, conservador y fraudulento, pero abriendo la posibilidad cierta de que Argentina participara en la Segunda Guerra Mundial, cambiando así su tradicional posición "neutralista".
Con el golpe militar del 4 de junio de 1943 se puso fin al gobierno oligárquico de Ramón Castillo y a la llamada "década infame", signada por el fraude electoral sistemático, la represión a los opositores, la proscripción de la UCR, los negociados vergonzosos, el predominio conservador y la sumisión económica al Reino Unido.
Concluyó una década en donde un vicepresidente, Julio A. Roca (hijo), había declarado públicamente que la Argentina era "desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico".
Se terminó así un período de gobiernos autoritarios, fraudulentos y corruptos y un modelo económico agro-exportador basado exclusivamente en la apropiación privada de la renta diferencial de la tierra por parte de la oligarquía.

Crecimiento industrial
La crisis capitalista mundial de 1929 obligó a proteger la economía nacional, permitiendo el surgimiento y desarrollo de pequeñas y medianas empresas industriales y luego, el aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial, alentó el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones.
Debido a lo anterior, comenzó la migración masiva del campo a la ciudad y de las provincias del norte hacia Buenos Aires y el desarrollo del sector industrial que, en 1943, superaría al sector agropecuario por primera vez en la Historia Argentina.

Crecimiento social
Como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades, en el seno de la sociedad, creció:
-una burguesía fabril de pequeños y medianos propietarios
-una clase media vinculada al mercado interno
-una poderosa clase trabajadora, como nueva fuerza social.

Ejercito industrialista
El proceso de industrialización que se desarrolló en esa década se efectuó de un modo íntimamente relacionado con las Fuerzas Armadas y sus necesidades de la defensa nacional en épocas de guerra mundial, lo que cambió su relación con el poder oligárquico y modificó su composición social interna, sobre todo en el Ejercito.
Todo ello permitió el advenimiento de sectores del nacionalismo popular en sus filas, integrado por nuevos grupos de oficiales provenientes de sectores medios y medios bajos, con nuevas ideas sobre la defensa vinculadas a la exigencia de la industrialización y las empresas militares y a la necesidad de un rol activo del Estado para promover estas actividades.

Coronel nacionalista
La política desarrollada por el gobierno militar en 1943 es contradictoria, consecuencia de la integración de distintos sectores en el golpe militar: desde liberales a nacionalistas de derecha, radicales, católicos ultramontanos, etc.
Por una parte: implementación de precios máximos, rebajas de alquileres, eliminación de aranceles en los hospitales, castigo a la usura, pero, por otro lado: intervención a los sindicatos, detención de dirigentes gremiales, cierre de periódicos, política universitaria reaccionaria a cargo de católicos ultra conservadores, etc.
Sin embargo, en un sector del gobierno comienza a perfilarse una política nueva: un grupo de militares, el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) cuyo orientador en el Coronel Juan Perón, estiman que uno de los objetivos fundamentales de la revolución consiste en establecer una alianza entre el Ejército y la clase trabajadora.
Perón asume como Secretario de Trabajo y Bienestar Social generando, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido diferenciado a un movimiento masivo de trabajadores, en oposición al viejo gremialismo proveniente del socialismo, el sindicalismo y el comunismo, que bajo el signo del reformismo o del ultraizquierdismo obraba como ala izquierda del orden semicolonial y dependiente.
Para ello, en abierta oposición a los sectores militares que reprimen al movimiento obrero, lleva a cabo reuniones permanentes con sindicalistas, comienza a intervenir en los conflictos a favor de los trabajadores, impulsa el movimiento sindical, promulga nuevas leyes sociales, reforma las existentes y crea nuevos sindicatos. Alcanza prestigio y apoyo entre los sectores obreros.

Jauretche y Perón
A partir de 1943 se establece una relación estrecha entre Juan Perón y Arturo Jauretche. En el momento trascendental cuando Perón deja de ser soldado para pasar a ser conductor de un Pueblo, se encuentra con Jauretche, la más consecuente expresión de aquel irigoyenismo que constituyó el primer movimiento de masas del siglo XX.
Dialogaron casi todas las mañana, durante el año 43, sobre que "no hay nacionalismo sin pueblo", que solo los "descamisados" podían aplastar a los "vendepatrias", a "los cipayos", que "la independencia económica y la soberanía política no se plasman sin la justicia social", que permitieron a Peron elaborar un discurso antioligárquico y antiimperialista y sentar las bases de una doctrina política destinada a remover los cimientos de la Argentina agro-exportadora.

Resurgimiento de las masas populares
Esta búsqueda de la clase trabajadora por parte de un alto oficial del Ejército es insólita. Pero es el resultado del conocimiento de la injusticia social que Perón ha adquirido en su deambular militar por todo el país y su trato personal con soldados provenientes de las zonas mas desamparadas, y de su experiencia en Europa, donde vio importantes concentraciones populares lo que provocó en él la convicción de que había llegado la hora de las masas populares.
Esas masas populares eran el instrumento fundamental para un proceso de cambio como el que necesitaba Argentina, cuya tarea principal era la creación de un país autárquico e independiente. Eran las masas populares que hicieron la patria con San Martín, las montoneras bravías del interior con los caudillos federales y los revolucionarios y votantes de Hipólito Irigoyen.
Estas nuevas masas populares, empleadas en las nacientes industrias y sin antecedentes políticos ni de sindicalización, son las que constituirán, a mediado de la década del 40, las bases del naciente movimiento peronista.

Continuidad superadora
Así como los caudillos federales se continuaron en el movimiento de Hipólito Irigoyen, Jauretche, a través de FORJA, fue el eslabón vivo que enlazó al irigoyenismo del ya declinante radicalismo, con el naciente peronismo.
Jauretche primero, y luego Perón, establecieron con sus actos, sus palabras y sus plumas, una íntima relación de continuidad entre ambos movimientos nacionalistas populares.
Fue la expresión de que todo moría y nacía en 1943. Esta continuidad superadora, que integraba a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo, sería inconcebible sin el pensamiento y la acción de Forja y Jauretche, que le trasmiten al justicialismo la tradición del nacionalismo democrático, procedente de las más antiguas raíces de la Patria.
*Ex diputado nacional justicialista
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