“Por favor ayúdennos, son nuestra última esperanza”
El ruego de las Madres el 1º de junio de 1978
Fecha/Hora: 01/06/2026 08:12
Cód. 111143
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1 de junio de 1978. Desde las 13, asueto en las reparticiones públicas y en las escuelas. Comenzaba la fiesta de la dictadura, soñada como la operación de propaganda capaz de silenciar a lo que habían bautizado como la “campaña antiargentina”. Tenían que enfrentar a la militancia de la verdad, que había copado casi toda Europa. Nuestros exiliados, con el apoyo de otros latinoamericanos en su misma condición política y dirigentes de los partidos populares europeos, denunciaban las violaciones a los derechos humanos en el sur.
En Francia nació el Comité Organizador del Boicot a la Copa que se iba a disputar en Argentina. A comienzos de 1978 ya existían más de 200 filiales del grupo en el territorio francés, con conexiones en Alemania Federal, Países Bajos y Suecia.
El Ejército jugaba su batalla cultural a través de los guiones de la consultora estadounidense Burson-Marsteller y la Marina había instalado en París su Centro Piloto, una especie de embajada paralela que operaba sobre los medios de comunicación y cazaba opositores.
1 de junio de 1978. La transmisión televisiva de la apertura comenzó con imágenes del centro de Buenos Aires, con el Obelisco como el ícono más representativo de la ciudad “for export”. Su mundo teatral a través de una versión porteña de “Cabaret” y Edmundo Rivero cantando “La última curda”. Por último, el dato político subliminal: jóvenes bailando en un boliche, para confirmar el rol de los “pibes sanos” de la nueva Argentina, en duelo permanente con el recuerdo de la “juventud maravillosa”.
Apareció la cancha de River, con un primer plano del gigante Autotrol: “Bienvenidos al XI Campeonato Mundial de Fútbol. Copa Mundial de la FIFA, Argentina 78”.
Una trompeta abrió la ceremonia, arrancó la suelta de globos y palomas y con acordes militares de fondo, centenares de estudiantes de educación física iniciaron el armado de los mosaicos humanos sobre el césped del Monumental. Clima marcial, rigidez castrense. El estadio convertido en un cuartel.
Apareció en escena Juan Mentesana, la voz de dos golpes militares: “Esta es la verdadera manifestación de un país que recibe al mundo. Rápidamente con el orden y disciplina, de la conciencia y accionar, una palabra cruza el campo de juego: Argentina 78”.
Servicios de inteligencia estratégicamente diseminados en las tribunas, para agitar consignas como: “¡A cantar el himno, bien fuerte!”, “¡Vamos que es la imagen argentina!”.
Llegó el turno del discurso del dictador. Las manos de Videla unidas en su espalda y un leve movimiento con todo el cuerpo, hacia atrás y adelante, como si le hablara a la tropa en el cuartel, a través de oraciones cortadas por hachazos. Traje cruzado gris, con tibios bastones blancos, para abandonar por un rato el verde militar. La palabra paz fue la gran protagonista del cínico mensaje, en un país con cientos de centros clandestinos y miles de desaparecidos. El dictador la mencionó cinco veces, desde un estadio a 15 cuadras de la ESMA. “Y es justamente la confrontación en el campo deportivo y la amistad en el campo de relaciones humanas que nos permiten afirmar que es posible aún hoy, en nuestros días, la convivencia en la unidad y en la diversidad, única forma para construir la paz. Por ello pido a Dios nuestro señor que este evento sea realmente una contribución para afirmar la paz, esa paz que todos deseamos para todo el mundo y para todos los hombres del mundo (aplausos). Esa paz dentro de cuyo marco el hombre pueda realizarse plenamente como persona, con dignidad y en libertad. En el marco de esta confrontación deportiva caracterizada por su caballerosidad, en el marco de la amistad entre los hombres y los pueblos y bajo el signo de la paz, declaro oficialmente inaugurado este onceavo campeonato Mundial de Fútbol 78″. Eran casi las 14.50.
1 de junio de 1978. Ningún uniformado había reparado que era jueves y que entonces a las 16 habría ronda de las Madres en Plaza de Mayo. Tarde histórica, primera gran derrota del terrorismo de Estado. Un equipo de la televisión neerlandesa, liderado por el periodista Jan van der Putten, llevó por primera vez las voces de las Madres a Europa. “Si están vivos, si están muertos. Por qué no nos dicen, si buscamos eso nada más. Que nos respondan, nada más, después nos retiramos”. “El gobierno miente. Hace dos años que estamos acá”. “Mi hija estaba embarazada de cinco meses cuando se la llevaron. Hasta ahora no he sabido nada de ella”.
Hasta que apareció el desgarrador testimonio de Marta Moreira de Alconada Aramburú: “Nosotros solamente queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos. Angustia porque no sabemos nada y desesperación señor, porque ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias..., en todas partes se nos han cerrado las puertas. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza. Por favor ayúdenos..., ayúdenos son nuestra última esperanza”. La nota terminó con el tardío “circulen, circulen”, de un suboficial de la Federal.
El mayor de sus cinco hijos era Domingo Roque “Pironio” Alconada, militante de la JUP, que estaba desaparecido desde el 22 de diciembre de 1976. Tenía 23 años y cursaba Derecho en la Universidad de La Plata.
Todos los jueves aparecía en los kioscos la revista Gente, uno de los semanarios de mayor penetración en los hogares de la clase media argentina, con los que Editorial Atlántida se convertía en una de las voces procesistas de papel más influyentes: “A pesar de todo lo que pasó antes del 24 de marzo de 1976: caos, violencia, falta de garantías, atraso, corrupción. A pesar del boicot contra el Mundial organizado por terroristas en varias capitales de Europa. A pesar de las consignas subversivas que circularon clandestinamente con instrucciones para alterar al orden. A pesar de las presiones de ciertos periodistas extranjeros que empezaron criticando y ahora elogian. A pesar de todo y contra todos, los argentinos hicimos el Mundial”.
La noche del domingo 25 de junio, Argentina festejó el título en el Sheraton de Retiro. En la “Cena de los campeones”, otro periodista neerlandes, Frits Jelle Barend, se hizo pasar por un jugador “naranja” y quedó cara a cara con Videla. “¿Y dónde está la gente desaparecida?”. El general quedó sorprendido por la pregunta y Barend insistió: “Hay mucha gente desaparecida”. “Son mentiras”, fue la respuesta del presidente de facto. Pero el periodista se plantó: “No son mentiras, hablé con esas señoras, no son actrices”. “Sí, son mentiras”, volvió a decir el militar. “¿Dónde están?”, fue la última pregunta. “Hay una guerra, como Holanda, que vivió una guerra”, fue la última respuesta.
Marta Moreira de Alconada Aramburú murió a los 77 años, el 14 de junio de 2007, sin saber adónde estaba Domingo.
En Francia nació el Comité Organizador del Boicot a la Copa que se iba a disputar en Argentina. A comienzos de 1978 ya existían más de 200 filiales del grupo en el territorio francés, con conexiones en Alemania Federal, Países Bajos y Suecia.
El Ejército jugaba su batalla cultural a través de los guiones de la consultora estadounidense Burson-Marsteller y la Marina había instalado en París su Centro Piloto, una especie de embajada paralela que operaba sobre los medios de comunicación y cazaba opositores.
1 de junio de 1978. La transmisión televisiva de la apertura comenzó con imágenes del centro de Buenos Aires, con el Obelisco como el ícono más representativo de la ciudad “for export”. Su mundo teatral a través de una versión porteña de “Cabaret” y Edmundo Rivero cantando “La última curda”. Por último, el dato político subliminal: jóvenes bailando en un boliche, para confirmar el rol de los “pibes sanos” de la nueva Argentina, en duelo permanente con el recuerdo de la “juventud maravillosa”.
Apareció la cancha de River, con un primer plano del gigante Autotrol: “Bienvenidos al XI Campeonato Mundial de Fútbol. Copa Mundial de la FIFA, Argentina 78”.
Una trompeta abrió la ceremonia, arrancó la suelta de globos y palomas y con acordes militares de fondo, centenares de estudiantes de educación física iniciaron el armado de los mosaicos humanos sobre el césped del Monumental. Clima marcial, rigidez castrense. El estadio convertido en un cuartel.
Apareció en escena Juan Mentesana, la voz de dos golpes militares: “Esta es la verdadera manifestación de un país que recibe al mundo. Rápidamente con el orden y disciplina, de la conciencia y accionar, una palabra cruza el campo de juego: Argentina 78”.
Servicios de inteligencia estratégicamente diseminados en las tribunas, para agitar consignas como: “¡A cantar el himno, bien fuerte!”, “¡Vamos que es la imagen argentina!”.
Llegó el turno del discurso del dictador. Las manos de Videla unidas en su espalda y un leve movimiento con todo el cuerpo, hacia atrás y adelante, como si le hablara a la tropa en el cuartel, a través de oraciones cortadas por hachazos. Traje cruzado gris, con tibios bastones blancos, para abandonar por un rato el verde militar. La palabra paz fue la gran protagonista del cínico mensaje, en un país con cientos de centros clandestinos y miles de desaparecidos. El dictador la mencionó cinco veces, desde un estadio a 15 cuadras de la ESMA. “Y es justamente la confrontación en el campo deportivo y la amistad en el campo de relaciones humanas que nos permiten afirmar que es posible aún hoy, en nuestros días, la convivencia en la unidad y en la diversidad, única forma para construir la paz. Por ello pido a Dios nuestro señor que este evento sea realmente una contribución para afirmar la paz, esa paz que todos deseamos para todo el mundo y para todos los hombres del mundo (aplausos). Esa paz dentro de cuyo marco el hombre pueda realizarse plenamente como persona, con dignidad y en libertad. En el marco de esta confrontación deportiva caracterizada por su caballerosidad, en el marco de la amistad entre los hombres y los pueblos y bajo el signo de la paz, declaro oficialmente inaugurado este onceavo campeonato Mundial de Fútbol 78″. Eran casi las 14.50.
1 de junio de 1978. Ningún uniformado había reparado que era jueves y que entonces a las 16 habría ronda de las Madres en Plaza de Mayo. Tarde histórica, primera gran derrota del terrorismo de Estado. Un equipo de la televisión neerlandesa, liderado por el periodista Jan van der Putten, llevó por primera vez las voces de las Madres a Europa. “Si están vivos, si están muertos. Por qué no nos dicen, si buscamos eso nada más. Que nos respondan, nada más, después nos retiramos”. “El gobierno miente. Hace dos años que estamos acá”. “Mi hija estaba embarazada de cinco meses cuando se la llevaron. Hasta ahora no he sabido nada de ella”.
Hasta que apareció el desgarrador testimonio de Marta Moreira de Alconada Aramburú: “Nosotros solamente queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos. Angustia porque no sabemos nada y desesperación señor, porque ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias..., en todas partes se nos han cerrado las puertas. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza. Por favor ayúdenos..., ayúdenos son nuestra última esperanza”. La nota terminó con el tardío “circulen, circulen”, de un suboficial de la Federal.
El mayor de sus cinco hijos era Domingo Roque “Pironio” Alconada, militante de la JUP, que estaba desaparecido desde el 22 de diciembre de 1976. Tenía 23 años y cursaba Derecho en la Universidad de La Plata.
Todos los jueves aparecía en los kioscos la revista Gente, uno de los semanarios de mayor penetración en los hogares de la clase media argentina, con los que Editorial Atlántida se convertía en una de las voces procesistas de papel más influyentes: “A pesar de todo lo que pasó antes del 24 de marzo de 1976: caos, violencia, falta de garantías, atraso, corrupción. A pesar del boicot contra el Mundial organizado por terroristas en varias capitales de Europa. A pesar de las consignas subversivas que circularon clandestinamente con instrucciones para alterar al orden. A pesar de las presiones de ciertos periodistas extranjeros que empezaron criticando y ahora elogian. A pesar de todo y contra todos, los argentinos hicimos el Mundial”.
La noche del domingo 25 de junio, Argentina festejó el título en el Sheraton de Retiro. En la “Cena de los campeones”, otro periodista neerlandes, Frits Jelle Barend, se hizo pasar por un jugador “naranja” y quedó cara a cara con Videla. “¿Y dónde está la gente desaparecida?”. El general quedó sorprendido por la pregunta y Barend insistió: “Hay mucha gente desaparecida”. “Son mentiras”, fue la respuesta del presidente de facto. Pero el periodista se plantó: “No son mentiras, hablé con esas señoras, no son actrices”. “Sí, son mentiras”, volvió a decir el militar. “¿Dónde están?”, fue la última pregunta. “Hay una guerra, como Holanda, que vivió una guerra”, fue la última respuesta.
Marta Moreira de Alconada Aramburú murió a los 77 años, el 14 de junio de 2007, sin saber adónde estaba Domingo.