A 75 años del voto femenino: la conquista de un derecho y la encrucijada entre participación e institucionalidad

La historia de una conquista con muchas autoras, no de una sola. De Lanteri a Evita, casi ocho décadas de mujeres peleando por el mismo derecho

Fecha/Hora: 23/09/2026 11:07 Cód. 112113 Tiempo de lectura: 4.99 minutos.
Este miércoles 23 de septiembre se cumplen 75 años de la promulgación de la Ley 13.010, que les permitió a las mujeres votar en Argentina. La normativa recién se estrenó en las elecciones de 1951, momento en que Juan Domingo Perón fue reelegido con un resultado arrollador y contó con más del 90% de participación femenina y una proporción de votos incluso superior a la masculina en muchos distritos por el impacto de la medida.

Perón organizó un acto en Plaza de Mayo el 23 de septiembre de 1947 para "entregarle" la ley a Evita, quien la recibió "en nombre de todas las mujeres argentinas" en una especie de rito de paso colectivo, pero con una estructura de parentesco simbólico muy particular porque las mujeres dejan de aparecer como un sujeto político que se constituye colectivamente, y pasan a estar representadas por una mediadora única, que encarna la totalidad del colectivo femenino ante el poder.

La estructura de mediación de una mujer-puente entre las mujeres y el Estado-varón es un patrón que se repetirá, con variantes, en otros países de Latinoamérica del siglo XX.

El Partido Peronista Femenino fue la primera estructura partidaria de mujeres a escala nacional en la historia argentina, con una capilaridad territorial, que incluyó unidades básicas femeninas en cada barrio y pueblo del país y que ningún partido, antes ni después, logró replicar. Tras la sanción de la ley, produjo la mayor bancada femenina de la historia legislativa argentina hasta 1991: 23 diputadas y 6 senadoras.


El discurso peronista de la mujer, articulado principalmente por Evita, no reclamó igualdad de género en sentido estructural, sino el reconocimiento de una diferencia que se considera valiosa y complementaria. La mujer entra a la política llevando consigo su condición de madre, esposa y "compañera", no despojándose de ella. En "La razón de mi vida", Evita es explícita en este sentido y rechaza tanto al "feminismo" que juzga lo imitativo del varón como al machismo que niega a la mujer en todo lugar público, y propone una tercera vía en el contexto de 1951: la mujer política que sigue siendo, ante todo, mujer del hogar puesta al servicio de la Nación y del líder.

El voto femenino: entre herramienta de poder y validación nacional
El grueso de las nuevas votantes eran mujeres de sectores populares urbanos. Trabajadoras industriales, empleadas domésticas, amas de casa de barrios obreros, beneficiarias directas de la legislación social del gobierno peronista, que incluyó aguinaldo, vacaciones pagas, derecho de trabajo, acceso a vivienda.

Para este sector, la adhesión al PJ no era solamente identificación carismática, sino que había algo más profundo que incluyó un correlato material tangible en la vida cotidiana a través de la dignidad. Esto explica en parte por qué el voto femenino de 1951 resultó, en varios distritos, incluso más favorable a Perón que el masculino. Es un dato que sorprendió en aquella época, que por prejuicio esperaban un comportamiento electoral femenino más "conservador" o influenciado por la Iglesia.

Sectores medios y altos, y particularmente el antiperonismo de raíz liberal y socialista -donde, paradójicamente, militaban muchas de las sufragistas históricas, como Alicia Moreau de Justo-, vivieron la ley con ambivalencia.

Celebraron al principio (llevaban cuatro décadas reclamándolo), pero rechazaron la forma en que se había concretado, sin reconocimiento a su propia trayectoria de lucha. Esta fractura explica por qué algunos sectores del antiperonismo minimizaron o directamente omitieron el rol de Evita en la conmemoración durante años, mientras que los sectores más duros del peronismo apenas nombraron a las mujeres que trabajaron antes, como Julieta Lanteri.

En 1911, Lanteri revisó la ley electoral vigente para las elecciones municipales y descubrió que exigía ser "ciudadano" e integrar el padrón, pero no especificaba ni prohibía explícitamente el sexo masculino. Solicitó a la justicia que la incorporaran al padrón y lo consiguió el 16 de julio de ese año. Votó el 26 de noviembre en la mesa número 1 de la Parroquia San Juan Evangelista del barrio de La Boca. Tras su histórico voto, las normativas se modificaron rápidamente para cerrar ese vacío legal y excluir a las mujeres de los siguientes comicios.

Maternidad, ciudadanía y "feminismo de Estado"
El impacto de la Ley 13.010 también garantizó respuestas a demandas inmediatas de inclusión política, aunque sin apelar a un cuestionamiento estructural de los roles tradicionales de género de la época.

El discurso oficial articuló la participación política de las mujeres desde la revalorización de sus roles como madres, trabajadoras y piezas clave en la construcción de la comunidad desde lo simbólico, pero con la posibilidad de otorgarles una identidad propia desde lo tangible: la ley de voto femenino permitió la creación de la Libreta Cívica y, por primera vez, las mujeres mayores de 18 años tenían un documento de identidad propio. Antes de eso, el Estado no las registraba bajo un padrón ciudadano unificado y, por lo tanto, no tenían documento personal con alcance nacional.

Fue recién en 2009 que la identificación en Argentina dejó de estar vinculada a una carga militar (hombres) o puramente electoral (mujeres), transformándose en un derecho civil idéntico para todos los ciudadanos por el solo hecho de nacer a partir del Documento Nacional de Identidad (DNI).

La onda larga: de 1951 a la Ley de Cupo y más allá
El hilo que conecta 1947 con el presente pasa por una pregunta que la Argentina siguió respondiendo de maneras distintas durante ocho décadas: ¿Alcanza con el reconocimiento formal de derechos políticos para garantizar poder político real? La respuesta que dio el propio proceso fue negativa.

Tras la caída del PPF con el golpe de 1955, la representación femenina en el Congreso argentino colapsó y no volvió a acercarse a los niveles de 1951 sino hasta la sanción de la Ley de Cupo Femenino en 1991 -la primera ley de cuotas de género de América Latina-, una obligación normativa estable, reforzada luego por la Ley de Paridad de 2017.