“El negacionismo es un delito”

Dice que apoyaron la “desinvitación” de la escritora en rechazo a sus discursos sobre el genocidio israelí en Gaza.

Fecha/Hora: 30/09/2026 09:10 Cód. 112127 Tiempo de lectura: 11.08 minutos.
La antropóloga Rita Segato cerró con una conferencia magistral el Festival Cultur-ALH de Granada y fue parte de una polémica internacional: un grupo de estudiantes de la universidad organizadora reclamó por la presencia en el evento de la escritora argentina Ariana Harwicz, conocida por su defensa de los ataques de Israel a Gaza. En 2024, cuando un grupo de intelectuales como Naomi Klein y Sally Rooney firmaron una carta llamando a boicotear a instituciones culturales israelíes, Harwicz tuiteó: “Sally Rooney, etc. realmente necesita empezar un tratamiento psicoanalítico para analizar su fascinación sexual por los terroristas. El problema va a ser Freud. El colaboracionismo siempre será un rasgo humano”. Y a todo crítico de Israel, ella lo califica: “El antisionismo es un eufemismo torpe que todo el mundo ya lee como antisemitismo a secas”.

Rita Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro y Ángelo Néstore, avalaron la desinvitación en una carta con un millar de adhesiones hasta el momento, incluyendo a Lucrecia Martel. Luego, unos 350 intelectuales del mundo adhirieron a un comunicado en defensa de Harwicz. Recién llegada desde Granada, Segato dio sus argumentos a Página/12 y el primero de ellos es político: “Gaza es una exhibición de impunidad y de un nuevo edicto que dice:´el poder de muerte es la ley´. Y en un mundo así, estamos todos perdidos. No hay ley. Es un mundo pre-humano. No hay normativa. Tenés la bomba, tenés la ley. Siempre existió en alguna medida esto, pero con algún disimulo. No había una exhibición de impunidad. Ni en el Holocausto hubo una exhibición de impunidad. Cuando llegaron los ejércitos aliados a los campos de concentración, en las filmaciones se ve la sorpresa de ellos. Hoy no: porque no hay más disimulo ni pudor frente a la ausencia de ley. Esto es una novedad histórica de nuestro tiempo. Por eso yo hablo del año 1 d.G (Después de Gaza). Estamos entrando en una nueva era histórica. Todas las revoluciones fracasaron, todos los discursos revolucionarios se cayeron. Estamos en un nuevo momento histórico absolutamente desconocido para la humanidad, que es el momento en que la impunidad se exhibe: el hecho de que el poder de muerte es la ley y se exhibe. Eso nunca sucedió antes. Y es peligrosísimo”.

--Usted ya viene advirtiendo que lo que sucede en Gaza es un genocidio que afecta al mundo entero, y que su negación daña incluso a los propios judíos.

--La segunda gran víctima de lo que están haciendo en Israel es el pueblo judío: porque será imposible controlar el brote de antisemitismo que está ocurriendo. La gente común no puede diferenciar entre sionismo y judeidad (los judíos entendidos como pueblo y no como religión). Y está surgiendo un odio a los judíos que lo estábamos superando con la valiosa campaña que se había hecho después de la Segunda Guerra Mundial y con la Carta de los Derechos Humanos en 1948. Ahora eso se vino todo abajo. Y en paralelo, estamos viendo en el mundo que Israel no está consiguiendo una victoria moral: podría llegar a exterminar a ese pueblo y a la vez, ser derrotado moralmente. Como dijo Edward Said, la única forma en que un pueblo pueda dominar a otro y colonizarlo, no es la superioridad bélica ni la intelectual, ni la económica, sino con la superioridad moral. Por eso digo que la segunda víctima es la judeidad, porque será imposible protegerse de la discriminación y del odio que vendrá de todo esto. Están cometiendo una gran estupidez, una acción suicida: están perdiendo el respeto y el cariño que se habían ganado siendo víctimas del Holocausto: perdieron ya la adhesión del mundo, un capital importantísimo que tenían.

--¿Tiene miedo por usted misma como judía?

--Efectivamente. Yo soy judía. Incluso soy socia vitalicia del Club Hebraica. Lo que está haciendo Israel es terminar con la inteligencia judía que modeló la manera de ver la realidad en el siglo XX en Occidente, que viene ya desde Spinoza. Pero en el siglo pasado ya tuvimos una remodelación de las sensibilidades. Y son en gran medida judíos los que lo han hecho: eran judíos sin Estado. Y la creación de un Estado judío acabó con los Marx, Levinas, Freud, Walter Benjamin, Levi-Strauss, Hannah Arendt, Einstein, Jonas Salk, quien fue el inventor de la vacuna contra la poliomielitis, que le salvó la vida a la humanidad, y cuando le pidieron que la patentara, dijo que “es de la gente”. Hubo una judeidad grandiosa, generosa e inteligentísima, porque pudieron ver el mundo desde los márgenes y criticarlo sin lealtad estatal. A esa inteligencia judía la mataron quienes crearon el sionismo y fundaron el Estado de Israel, a quienes les importa un pepino la judeidad. Lo hicieron por un interés propio y el de Inglaterra y EE.UU; y han caído en esa trampa por la fragilidad después de la Segunda Guerra: el sionismo es una trampa para la judeidad y cayeron en ella en un momento de gran debilidad, en el que no pudieron pensar bien a quién le convenía la fundación de ese Estado: ciertamente, no a los judíos. La trampa es que Israel es un brazo del imperio en el Medio Oriente y es muy triste que así sea para las personas que tenemos alguna sangre judía. Porque esa inteligencia judía fue siempre insurgente y crítica. Israel es un golpe a la judeidad. Este es el contexto para mis puntos de vista sobre lo que pasó en Granada.

--¿Y qué pasó en Granada?

--Los estudiantes se dieron cuenta de que había una invitación indebida a una persona con un comportamiento que es delincuencial: el negacionismo. Y se quejaron en la universidad. Entonces las organizadoras se dieron cuenta. Eso surgió de los alumnos y en todas las universidades que conozco, hay un grupo de apoyo a Palestina. Ese grupo movió al Centro de Estudiantes y pidieron a la universidad que se desinvite a esa persona. Pero lo central es: después de la Segunda Guerra Mundial, el negacionismo se transformó en delito. Me consultaron y dije: “yo no comparto espacios con ninguna persona que promueva el negacionismo”.

--¿Generar un espacio de discusión no haría más visible el genocidio?

--No, no se puede. Porque se está cometiendo un delito. Y además de lo legal, yo no comparto espacios con negacionistas. No es necesario interactuar con una persona negacionista. Por suerte, son muy pocas. No se puede discutir porque ya hay una ley internacional de las Naciones Unidas planteando que si una persona viene a negar algo que ya está demostrado, está haciendo un daño. Nos comportamos siguiendo la verdad y la justicia. A los negacionistas de la Shoah no los dejarían participar.

--Para usted no es una censura.

--La desinvitaron por el activismo de los estudiantes. El negacionismo es promover una mentira. ¿Qué haces vos, por ejemplo, si alguien publica en un diario una mentira? No lo podés permitir. Eso no es censura, es una corrección.

--Una de las cosas que alegan algunos, es que en esa conferencia se iba a hablar de literatura y no de política.

--La razón de nuestra postura es que se trata de una persona que cruza el límite del negacionismo. Y hubo un clamor por justicia de parte de los alumnos. Mirá: no hay juez más infalible que el tiempo. A la larga, la verdad siempre aparece. Toda persona es jueza. Eso lo descubrí hace tiempo. Durante 10 años acompañé a la Fundación Nacional del Indio en Brasil haciendo talleres en todas las regiones de Brasil con mujeres indígenas para que conocieran las nuevas leyes y la Convención contra la Discriminación de la Mujer de Naciones Unidas. En cierto momento, me di cuenta de que muchas de esas mujeres no tenían cómo llegar a un tribunal a reclamar sus derechos. Se tenían que tomar un barquito y después un avión para llegar a un tribunal. Ahí noté que si toda persona no es un juez, si toda persona no puede levantar el dedo de la acusación frente al delito, la justicia no existe. Si la justicia pasa a depender exclusivamente de un tribunal, de un juez y de los fiscales y defensores, la justicia no existe: solo existe cuando entra en la conciencia de la gente. Ahí la justicia impide el crimen. Entonces, una de las cosas en que debemos llamar la atención, es que el conocimiento de las leyes por parte de la población es demasiado escaso. Y un discurso negacionista es un delito. Mucha gente ignora esto.

--Desde la mirada sionista, algunos plantean que hay como una suerte de ensañamiento en contra de los crímenes del ejército israelí. Dicen cosas como “¿por qué nadie habla de Sudán?”.

--Un texto mío se llama Gaza somos todos. Porque Gaza se nos viene encima. Si no se corta eso, el poder de muerte como ley, se nos viene encima a todos. Y no habrá quien se salve. No es que no se hable de África. Lo que pasa es que lo que está sucediendo en Palestina, es un avance occidental, de la civilización en la que vivimos. Es nuestro mundo el que se viene abajo. Es nuestra ley que se viene abajo. Y nuestros derechos. Entonces esto tiene que preocuparnos más.

--Ariana Harwicz dijo lamentar que las feministas no la defendieran y que sí lo hiciera un escritor como John Banville, que renunció a participar en apoyo a ella. Además, Harwicz da a entender que “a nadie le importan” los muertos israelíes.

--Nadie está despreciando las muertes israelíes. No se trata de eso. Hay un binarismo muy cruel. Lo que circuló en Granada es que ella está usando todo esto para promocionarse. Y dice que para defender a los judíos, es necesario atacar a los palestinos. Y no es así: Hay que defender a los judíos y a los palestinos. En Israel hay un negacionismo y al mismo tiempo exhiben lo que están haciendo. Ahí hay un problema: la ancestral inteligencia judía no está presente.

--Uno de los planteos de los negacionistas es que el genocidio no estaría probado.

--Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre la situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados, afirma que allí hay un genocidio y agresiones de lesa humanidad por parte de las tropas israelíes, que están filmadas y exhibidas. Estamos hablando de negacionismo de los crímenes de Estado y de lesa humanidad. En las leyes europeas, la negación del Holocausto es un crimen. Hay un caso que enseñé en la materia Antropología y Derechos Humanos, que se refiere a Robert Faurisson, un profesor de literatura francés de la Universidad de Lyon, famoso porque negaba el holocausto. En respuesta a esto, Francia aprobó la Ley Gaisotti y Faurisson fue procesado, multado y destituido de su cátedra universitaria por negar repetidamente la existencia de las cámaras de gas nazis. Desde entonces, ya no podrían negarse las acciones que configuran los crímenes de lesa humanidad que está cometiendo Israel en Palestina, filmadas y exhibidas. Al verse condenado por ley francesa, Faurisson recurrió a organismos internacionales, alegando que se vulneraba su derecho a la libertad de palabra, al igual que el caso que nos ocupa hoy. Y la jurisprudencia existente desde ese momento confirmó que negar los crímenes de lesa humanidad es un delito.

--¿Y qué pasó con Faurisson?

--Cuando él apeló, el Comité de Derechos Humanos de la ONU confirmó que no hubo violación de la libertad de expresión. Y que las restricciones a su discurso eran legítimas. A partir de allí, la ley ratificó que las restricciones al discurso de los negacionistas son legales y necesarias. Y que un sujeto que profesa el negacionismo debe ser juzgado y condenado. La carta que escribimos en relación al Festival de Granada es una acusación al negacionismo. Y esta ley, que sigue vigente, condenó el negacionismo, precisamente para proteger a los judíos. EE.UU., Canadá y dieciséis países europeos incluyendo Francia, prohíben la negación del Holocausto.

--¿Qué balance le queda de lo que pasó en Granada?

--Mi conferencia fue el cierre del evento y yo estaba emocionadísima. Una de las organizadoras, Ana Gallegos, me dijo que nunca jamás habían tenido tanta gente: más de 500 personas. Si hubiese habido una reacción en contra de lo que pasó, no hubiesen ido tantas personas al festival: habría pasado lo contrario. Cada vez que hablo en público –desde hace dos años-- uso una estola con la bandera palestina que me regalaron. Yo viajo todos los meses por muchos países y ciudades, y cuando me siento a hablar, me la pongo: justo en ese momento, el público siempre estalla en aplausos por largo rato. Y nadie se retira. En Granada sucedió lo mismo: una gran ovación. Pero lo más importante es que, a partir de todo esto, se rompe un tabú: ya cada vez menos, se puede hablar impunemente negando los crímenes de todo tipo que cometen los militares de Israel. Se va resquebrajando eso de que “no se puede criticar al sionismo”. Y algo más: defender a los judíos es querer parar con el exterminio de Gaza. Porque eso se nos viene encima a todos. Va a haber un antisemitismo como nunca hubo antes y eso va a tener el apoyo de las mayorías. Me pasó con gente que he conocido por la calle, cuando acusan a los judíos por lo que sucede en Gaza. Y yo les digo: “No, no son los judíos. Son los sionistas” ¿Pero cómo los vas a convencer de que no son los judíos? Va a ser muy difícil.