El “Roña” Castro, un peleador con el magnetismo de los elegidos

A los 59 años murió el excampeón del mundo de medianos de la AMB

Fecha/Hora: 15/10/2026 09:11 Cód. 112311 Tiempo de lectura: 5.73 minutos.
Jorge Fernando Castro (“Roña” o “Locomotora” según quien lo tratara viniera desde la Patagonia o viviera en el conurbano bonaerense) tuteaba a la muerte, la despreciaba. La había conocido en la noche larga del 17 de junio de 2005 cuando su auto, pasado de velocidad, y él, pasado de copas, se estrellaron contra un árbol en la esquina de Tristán Achával y Azucena Rodríguez en la Costanera Sur. Vivió de milagro, uno de los tantos de su existencia.

Estuvo más de diez días en coma con fracturas y contusiones varias y una hemorragia pulmonar. Hasta que una día se despertó como si nada le hubiera sucedido y pidió que lo llevaran a su casa. Tuvieron que darle el gusto. Su fortaleza física (también su inconciencia) siempre fueron proverbiales.

Pero el tiempo pasa para todos y para él también. Y esta madrugada en el bingo de Morón, el viejo guerrero de los rings, el ex campéón mundial de los medianos, el autor de la victoria más épica de la historia del boxeo de nuestro país, el noqueador record de la Argentina y Sudamericana (90 de sus 130 triunfos fueron por la vía rápida), el hombre que luego de su retiro en 2007 abrió catorce comedores y nueve merenderos comunitarios en el Gran Buenos Aires para dar de comer a los necesitados, el marido de siete mujeres, el padre de quince hijos y el abuelo de catorce nietos, el fanático de Boca que subía a pelea con el cabello teñido de azul y oro, sufrió un infarto fulminante y no hubo manera de rescatarlo. A los 59 años (había nacido en Caleta Olivia, el 19 de agosto de 1967) falleció Jorge “Roña” Castro. Costó creerlo, cuesta escribirlo.

Como boxeador, tuvo todo el magnetismo de los elegidos: la picardía de un peleador callejero (había aprendido a pegar de adolescente cuando echaba a marineros borrachos de los tenebrosos cabarets de su ciudad natal), el corazón de un boxeador destinado a hacer historia y el mayor desdén por el dolor físico y el sufrimiento. Como se entrenaba poco y mal, en pelea “Locomotora” debió superar desgarros, torceduras, hombros descolocados y en aquella noche impar del 10 de diciembre de 1994 en Monterrey (México), una paliza despiadada de parte de John David Jackson, su retador por el título de los medianos de la Asociación Mundial.

Jackson le rompió la cara a golpes. El rostro desfigurado de “Locomotora” era una mascara sanguinolenta y morada. Cualquier otro boxeador se hubiera bajado del ring para terminar con el calvario. Castro no. En medio de la tunda, hasta último momento tuvo fe que podía dar vuelta la pelea. El médico se la iba a parar al final del noveno round. Y un minuto antes, hizo el milagro: fingió que estaba sentido, se fue contra las cuerdas y cuando Jackson se abalanzó para rematarlo, le metió un zurdazo que lo mandó a la lona por primera vez. Hubo dos caídas más hasta que el árbitro de las noches míticas del boxeo argentino, el sudafricano Stanley Christodoulou (dirigió en 1976 Galíndez- Kates en Johanesburgo y en 1980, Palma-Randolph en Spokane) le alzó el brazo consagrando la victoria más epica de todos los tiempos de nuestro pugilismo y el ingreso del “Roña” a la eternidad del deporte nacional.

Quien esto escribe tuvo trato frecuente con Castro en los albores de su campaña en Buenos Aires en 1988. Llegó desde la Patagonia ese año, traído por su primer manager, José Cifuentes, para apuntalar al boxeo que el año anterior, había recibido una mano de nocaut con el cierre del Luna Park tras 55 años de actividad ininterrumpida. Su desparpajo y el poder anestesiante de su pegada conectaron rapidamente con la gente, que empezó a llenar el viejo estadio de la Federación Argentina de Box en Castro Barros 75, para verlo noquear donde y cuando él lo predecía.

En 1989, Carlos Avila, el dueño de Torneos y Competencias y el zar del fútbol televisado, reabrió por una noche el Luna Park y lo hizo pelear contra otra promesa, el salteño Miguel “Puma” Arroyo: Castro lo liquidó en nueve rounds. Poco antes, había perdido su invicto en la FAB, una noche en la que el habilisimo sampedrino Lorenzo García le hizo un nudo y le dio una lección de talento y buen boxeo.

El Roña" peleaba casi siempre y contra cualquiera: hizo doce peleas en 1989, otras doce en 1990 y quince en 1991. La última de ese año fue en París, la primera por un título del mundo, el de los medianos junior del Consejo Mundial: el campeón Terry Norris le pegó por todos lados y le ganó todos los rounds. La verdad la contó el propio Castro años más tarde: viajó afectado por una enfermedad venérea de la que no se había curado.

Bajo la conducción como manager de Osvaldo Rivero, Castro llegó a ser campeón del mundo de los medianos de la AMB haciendo todo lo contrario de lo que un boxeador serio y responsable tenía que hacer: se consagró el 12 de agosto de 1994 derrotando con lo justo al estadounidense Reggie Johnson en San Miguel de Tucumán. Y en las cuatro defensas que hizo (entregó la corona un año más tarde en Tokio ante el japonés Shinji Takehara, en ninguna dio el peso reglamentario (72,574 kg). El Roña sabía las trampas para eludir el veredicto de las balanzas y las hizo todas ante la mirada tolerante de los fiscales internacionales.

En 1997, como necesitaba dinero después de uno de sus tantos divorcios, arregló dos peleas ante otro gigante del boxeo como Roberto “Mano de Piedra” Durán que estaba en la misma: Castro ganó en Mar del Plata y Durán en Panamá. Quiso volver a ser campeón del mundo e hizo intentos por la corona de los cruceros en 2000 y en eliminatorias por el título de los mediopesados. En todas le fue mal y con su brutal accidente de 2005 supo que su tiempo arriba de los cuadriláteros estaba concluído.

Igualmente quiso comprobarlo con su propio cuerpo: se probó a sí mismo en el Luna Park en la noche triste del 22 de abril de 2006 y el colombiano José Luis Herrera lo noqueó en cuatro rounds. El desquite en Mar del Plata, en enero de 2007 fue su última pelea: ganó Castro en dos vueltas sin haberle pegado. Su campaña memorable comprendió 130 victorias (90 antes del límite), 11 derrotas y tres empates.

Retirado y todo, Castro siguió siendo una figura cercana, solidaria y popular: fue figura de los programas de Marcelo Tinelli y participó de la edición 2025 de Masterchef Celebrity. Pero la fama por la fama misma y lo material lo llevaron a lugares mucho más interesantes. Con el dinero de la televisión llegó a armar una red de catorce comedores y nueve merenderos y un sistema de compras comunitarias para acceder a frutas, verduras y productos de primera necesidad a precios accesible. El “Roña” Castro nunca se olvidó de sus origenes. Al ring lo regó de sangre y coraje. A la vida la honró hasta la última campanada que en Morón lo sorprendió con la guardia baja.