La justicia volvió a rechazar el pedido del cura represor von Wernich para ver al papa

El excapellán de la Bonaerense pretendía que lo trasladaran desde Campo de Mayo, donde cumple la pena de prisión perpetua, a la cárcel de Devoto, que será visitada por León XIV el 11 de noviembre.

Fecha/Hora: 03/11/2026 11:55 Cód. 112517 Tiempo de lectura: 3.26 minutos.
El cura represor Christian Federico von Wernich no podrá estar presente en la cárcel de Devoto cuando la visite el papa León XIV el próximo 11 de noviembre. Así lo decidió el juez Claudio Silvestri, integrante del Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata.

Von Wernich lleva 23 años preso. En 2007 fue condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad –entre los que se cuentan siete homicidios–. Desde hace tiempo está alojado en la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde integra el grupo de los “Muertos Vivos”, que busca hacer lobby para salir de la prisión.

El excapellán de la Bonaerense, que ingresaba a los campos de concentración de la dictadura, quería que lo trasladasen de Campo de Mayo a Devoto para estar cuando vaya el papa. En el complejo penitenciario de la Ciudad de Buenos Aires quedaron unos pocos presos, elegidos por el Servicio Penitenciario Federal (SPF), a la espera de la llegada de León XIV.

A última hora del miércoles 28 de octubre, Silvestri rechazó el pedido inicial de von Wernich. El juez sostuvo que no podía considerarse una visita extraordinaria –como las que se conceden cuando un familiar fallece o está en estado grave de salud– ni que pudiera alegar que se atentaba contra su libertad religiosa. Por el contrario, el magistrado argumentó que su encuentro con el papa podría causar conmoción entre sus víctimas y familiares.

Ni lerdo ni perezoso, von Wernich se presentó por “derecho propio” y le reclamó al juez que reconsiderara su posición. El fundamento que usó el cura represor era que él estaba bajo la autoridad del Poder Ejecutivo, que es el que “gestiona y decide los cupos de asistencia”.

Silvestri le corrió vista a la defensa oficial que representa al cura represor. El lunes, la defensa explicó que había mantenido una comunicación con von Wernich y le había explicado que la decisión no era recurrible.

“Estese a lo resuelto mediante auto de fecha 28 de octubre de 2026”, respondió escuetamente Silvestri, cerrando la puerta al encuentro del cura represor con León XIV.

Von Wernich había hecho pública su intención de ver al pontífice en una nota que escribió el 23 de septiembre pasado. La carta fue distribuida por Justicia y Concordia –la organización que agrupa a defensores de acusados por crímenes contra la humanidad– y el Foro Argentino de Defensa.

La carta estaba dirigida al obispo de 9 de Julio, Ariel Torrado Mosconi, a quien le pedía que intercediera ante el TOF 1 de La Plata. Según von Wernich, ver al papa sería un “bálsamo de misericordia” frente a la “cruz” que carga.

Como informó Página/12, el SPF, que depende de Alejandra Monteoliva, incorporó a otro represor condenado a prisión perpetua para que esté presente en la misa que el papa dará el 10 de noviembre en la provincia de Córdoba. Se trata de Miguel Pérez, retirado del Ejército. El auxiliar fiscal Facundo Trotta se opuso a que Pérez participe del oficio, pero, por ahora, no se notificó la resolución del TOF.

En la víspera de la llegada del papa, el obispo castrense, Santiago Olivera, circuló una carta llamando a su comunidad diocesana –integrada por miembros de las fuerzas y sus familiares– a aportar la verdad. Lo hizo, explicó, a partir de las identificaciones que está haciendo el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en terrenos aledaños al campo de concentración de La Perla.

Distintos referentes del movimiento de derechos humanos tomaron el texto con recelo ante la sospecha de que esté buscando algún tipo de beneficio para los condenados por crímenes contra la humanidad.

Según las estadísticas de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH), hay 1254 condenados por delitos vinculados al terrorismo de Estado. Solo 73 continúan en unidades penitenciarias. Más del 85 por ciento de los criminales de la dictadura están en sus casas.