Homenajearon a Pérez Esquivel en la Legislatura
“Estamos sumergidos en el oscurantismo y el negacionismo, y si no somos rebeldes no podemos cambiar nada”, dijo el Nobel de la Paz.
Fecha/Hora: 11/03/2026 08:02
Cód. 110297
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“Quieren que los pueblos sean invisibles y que perdamos la educación y la salud pública, pero tenemos que rebelarnos”, declaró el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires al recibir un diploma en el que se lo declaró personalidad de interés para la Comunicación Social.
A 50 años del golpe de Estado cívico militar, el legislador Andrés La Blunda impulsó la actividad como una forma de reconocer la trayectoria en defensa de los derechos humanos de Pérez Esquivel. “Hay un proyecto en marcha de deshumanización, pero estamos convencidos de que hay otra mirada posible”, dijo La Blunda en referencia al gobierno de Javier Milei y resaltó la mirada de Esquivel.
En la mesa de diálogo estuvieron también la sobreviviente de la dictadura nacida en cautiverio, Teresa Laborde, conocida como “la nena del Falcon”; y también Juan Carlos “Coco” Manoukian, reconocido editor, empresario cultural y presidente de Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad (CICCUS). Antes de los oradores, se hizo mención a la obra de Esquivel en cuanto a la escritura, la escultura, la pintura, y su lucha por los derechos humanos durante y después de la dictadura.
En 1977 Pérez Esquivel fue capturado, encarcelado y torturado durante 14 meses, y sobrevivió a un vuelo de la muerte. Hoy tiene 95 años y, en palabras de La Blunda, es una presencia que “prestigia y honra esta casa, compañero que trabaja por la memoria, por ser nosotros mismos, y que recorrió el mundo levantando las banderas de la paz y la justicia”.
Pérez Esquivel expresó que su trabajo no es obra de una sola persona sino algo “compartido por miles en toda América Latina y el mundo”. Comenzó su discurso resaltando la importancia de la rebeldía y de la conciencia, en un contexto que amerita repensarlas para salir de la actitud pasiva. “Estamos sumergidos en el oscurantismo y el negacionismo, y si no somos rebeldes no podemos cambiar nada”, declaró.
Por su parte, Manoukian dijo que el oficialismo no sólo es liberal y conservador, sino que intenta construir un modelo colonial, y esto se evidencia en la desfinanciación de las instituciones “que el pueblo argentino construyó como soporte de su cultura”. La gestión de Milei desfinanció el Instituto de cine y artes audiovisuales, el Fondo de las Artes, las bibliotecas populares, las universidades públicas, y “esto es debilitar nuestras maneras de expresión”, dijo el editor. A su vez, resaltó que Esquivel es un ejemplo para ver cómo es posible trabajar para contrarrestar a “los sectores pro imperiales, que quieren convencernos de que los argentinos somos sucios, malos y feos”.
“Se castiga la autoestima, la alegría de ser lo que somos, y somos un país que tiene cinco premios Nobel, y hay uno sentado acá en la mesa”, dijo Manoukian en la Legislatura. En esta línea, expresó que lo que las políticas actuales pretenden “entristecernos y paralizarnos con noticias terribles e impartiendo miedo. La represión genera que la gente se atonte sin ver las capacidades que tienen”.
Con los últimos libros de Esquivel en mano, Laborde resaltó que los relatos escritos por el militante cuentan el sufrimiento de diversos pueblos “pero el problema siempre es el mismo: habla de guerra y parece que está hablando de hoy”. Y concluyó que es fundamental ignorar la idea que los negacionistas pretenden instalar de no involucrarse para ayudar al otro, porque “si el otro sufre no debemos mirar para otro lado, los malos ganan cuando las y los buenos no hacemos nada para impedirlo”, declaró.
En un marco de crisis económica, salarios devaluados, miles de despidos y empresas quebradas, jubilaciones que no alcanzan para vivir, represión constante y discursos de odio provenientes del mismo Gobierno, Esquivel afirmó que en el mundo están haciendo cosas con una base de mentiras contra la que “estamos indefensos”. El Nobel expresó particular preocupación por las dirigencias políticas argentinas que “han perdido la mística”, y llamó a pensar, conversar y esforzarnos en comunidad “para que no le roben la vida y la esperanza a las nuevas generaciones”.
Pérez Esquivel contó que fue amigo en ideas del pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire, el cual relató que un campesino mayor de sesenta años quería aprender a leer y a escribir. Entonces le preguntaron para qué, a lo que el hombre respondió: “para dejar de ser invisible”.
Informe: Camila Pace
A 50 años del golpe de Estado cívico militar, el legislador Andrés La Blunda impulsó la actividad como una forma de reconocer la trayectoria en defensa de los derechos humanos de Pérez Esquivel. “Hay un proyecto en marcha de deshumanización, pero estamos convencidos de que hay otra mirada posible”, dijo La Blunda en referencia al gobierno de Javier Milei y resaltó la mirada de Esquivel.
En la mesa de diálogo estuvieron también la sobreviviente de la dictadura nacida en cautiverio, Teresa Laborde, conocida como “la nena del Falcon”; y también Juan Carlos “Coco” Manoukian, reconocido editor, empresario cultural y presidente de Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad (CICCUS). Antes de los oradores, se hizo mención a la obra de Esquivel en cuanto a la escritura, la escultura, la pintura, y su lucha por los derechos humanos durante y después de la dictadura.
En 1977 Pérez Esquivel fue capturado, encarcelado y torturado durante 14 meses, y sobrevivió a un vuelo de la muerte. Hoy tiene 95 años y, en palabras de La Blunda, es una presencia que “prestigia y honra esta casa, compañero que trabaja por la memoria, por ser nosotros mismos, y que recorrió el mundo levantando las banderas de la paz y la justicia”.
Pérez Esquivel expresó que su trabajo no es obra de una sola persona sino algo “compartido por miles en toda América Latina y el mundo”. Comenzó su discurso resaltando la importancia de la rebeldía y de la conciencia, en un contexto que amerita repensarlas para salir de la actitud pasiva. “Estamos sumergidos en el oscurantismo y el negacionismo, y si no somos rebeldes no podemos cambiar nada”, declaró.
Por su parte, Manoukian dijo que el oficialismo no sólo es liberal y conservador, sino que intenta construir un modelo colonial, y esto se evidencia en la desfinanciación de las instituciones “que el pueblo argentino construyó como soporte de su cultura”. La gestión de Milei desfinanció el Instituto de cine y artes audiovisuales, el Fondo de las Artes, las bibliotecas populares, las universidades públicas, y “esto es debilitar nuestras maneras de expresión”, dijo el editor. A su vez, resaltó que Esquivel es un ejemplo para ver cómo es posible trabajar para contrarrestar a “los sectores pro imperiales, que quieren convencernos de que los argentinos somos sucios, malos y feos”.
“Se castiga la autoestima, la alegría de ser lo que somos, y somos un país que tiene cinco premios Nobel, y hay uno sentado acá en la mesa”, dijo Manoukian en la Legislatura. En esta línea, expresó que lo que las políticas actuales pretenden “entristecernos y paralizarnos con noticias terribles e impartiendo miedo. La represión genera que la gente se atonte sin ver las capacidades que tienen”.
Con los últimos libros de Esquivel en mano, Laborde resaltó que los relatos escritos por el militante cuentan el sufrimiento de diversos pueblos “pero el problema siempre es el mismo: habla de guerra y parece que está hablando de hoy”. Y concluyó que es fundamental ignorar la idea que los negacionistas pretenden instalar de no involucrarse para ayudar al otro, porque “si el otro sufre no debemos mirar para otro lado, los malos ganan cuando las y los buenos no hacemos nada para impedirlo”, declaró.
En un marco de crisis económica, salarios devaluados, miles de despidos y empresas quebradas, jubilaciones que no alcanzan para vivir, represión constante y discursos de odio provenientes del mismo Gobierno, Esquivel afirmó que en el mundo están haciendo cosas con una base de mentiras contra la que “estamos indefensos”. El Nobel expresó particular preocupación por las dirigencias políticas argentinas que “han perdido la mística”, y llamó a pensar, conversar y esforzarnos en comunidad “para que no le roben la vida y la esperanza a las nuevas generaciones”.
Pérez Esquivel contó que fue amigo en ideas del pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire, el cual relató que un campesino mayor de sesenta años quería aprender a leer y a escribir. Entonces le preguntaron para qué, a lo que el hombre respondió: “para dejar de ser invisible”.
Informe: Camila Pace