8 de cada 10 asalariados cambiaron su alimentación en el trabajo por motivos económicos
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA da cuenta de los cambios de hábitos que genera el modelo libertario.
Fecha/Hora: 12/03/2026 08:49
Cód. 110326
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Ocho de cada diez trabajadores cambió sus hábitos alimenticios en el trabajo. Es decir, quienes salen a trabajar y pasan fuera de su casa buena parte del día comenzaron a saltearse comidas para no incurrir en mayores gastos. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA) advierte que más del 80 por ciento de los asalariados dejó parcialmente o totalmente de comer durante la jornada laboral.
Esto implica que en la Argentina salir a trabajar significa aumentar la vulnerabilidad alimentaria, es decir, cuando una persona se saltea comidas o come menos de lo necesario. El informe del Observatorio de la UCA totaliza un 83,5 por ciento de los trabajadores asalariados argentinos con alguna forma de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. Traducido: los trabajadores están comiendo menos para evitar gastos.
El informe, basado en una encuesta de 1.171 casos con representatividad nacional, buscó comprender los hábitos alimentarios de los asalariados: en qué condiciones se alimentan, qué estrategias adoptan ante la pérdida de poder adquisitivo y qué brechas persisten, según las condiciones laborales.
El informe alcanzó una primera conclusión: uno de cada cinco trabajadores asalariados, directamente, no come cuando está fuera de su casa y durante la jornada laboral. De esos trabajadores, el 48,2 por ciento reconoce su dieta como poco saludable y la obesidad los afecta casi el doble que a quienes sí hacen una pausa para almorzar. De nuevo, no se trata de una serie de malos hábitos alimentarios: se trata de una estrategia para intentar paliar la falta de dinero que lleva a comer lo más barato posible o directamente saltearse comidas.
En tanto, sobre el 83,5 por ciento que sufre alguna vulnerabilidad, el 61,1 por ciento se saltea comidas y el 78,5 por ciento opta por alimentos menos nutritivos. Mientras que el 56,2 por ciento padece ambos condiciones.
De los que no comen, la ausencia de alimentos “se concentra en trabajadores mayores de 45 años, del sector público, de empresas pequeñas y, de manera relevante, en la región del NEA, donde la mitad de los trabajadores declara no comer en su horario laboral”. El informe destaca las diferencias geográficas: “Las regiones del NEA y el NOA presentan los mayores niveles de dificultad, tanto en el acceso a la comida como en las oportunidades de comensalidad. En contraste, el AMBA y la región Centro muestran mejores condiciones, reflejando una brecha que combina disponibilidad de infraestructura, dinámicas productivas y tal vez, proximidad a centros urbanos
La encuesta analiza el entorno laboral y la infraestructura de las empresas para procurar que sus trabajadores tengan una alimentación saludable. En ese aspecto, el 41,5 por ciento de los encuestados almuerza en su escritorio y el 32,3 lo hace en soledad. Ahí también impacta el tipo de trabajo: “El teletrabajo se asocia con alimentación en soledad (77%), mientras lo presencial facilita, pero no garantiza, la interacción”.
¿Qué hacen los empleadores para mejorar la alimentación de sus trabajadores? Según el informe, en la Argentina, solo el 44,4 por ciento de los trabajadores recibe algún aporte de su empleador para la alimentación, y se trata de un beneficio regresivo, porque es percibido para los cargos de mayores ingresos. No solo eso, sino que el informe registra que en muchos casos la pausa para comer (al mediodía) no se respeta: “Aunque la mayoría toma pausas para comer, un 26% enfrenta dificultades para hacerlo de forma regular. Los trabajadores del sector público, con menores ingresos y con menos equipamiento en su lugar de trabajo son los más perjudicados, lo que sugiere que la organización laboral y los recursos disponibles condicionan este tiempo básico para el bienestar”.
Entre quienes valorarían tener ese derecho (un 80,4% de los encuestados) están sobre todo los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y quienes ya enfrentan vulnerabilidad alimentaria (91,5%).
Las cifras reveladas por el informe de la UCA va a contramano de los parámetros establecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que define el lugar de trabajo como un espacio clave para promover hábitos saludables.
Por eso, el informe de la UCA sostiene señala que “países como Francia, Italia y Brasil cuentan con sistemas consolidados de beneficios alimentarios con incentivos fiscales” y agrega que “la alimentación durante la jornada laboral aparece como una demanda y preocupación extendida”.
Esto implica que en la Argentina salir a trabajar significa aumentar la vulnerabilidad alimentaria, es decir, cuando una persona se saltea comidas o come menos de lo necesario. El informe del Observatorio de la UCA totaliza un 83,5 por ciento de los trabajadores asalariados argentinos con alguna forma de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. Traducido: los trabajadores están comiendo menos para evitar gastos.
El informe, basado en una encuesta de 1.171 casos con representatividad nacional, buscó comprender los hábitos alimentarios de los asalariados: en qué condiciones se alimentan, qué estrategias adoptan ante la pérdida de poder adquisitivo y qué brechas persisten, según las condiciones laborales.
El informe alcanzó una primera conclusión: uno de cada cinco trabajadores asalariados, directamente, no come cuando está fuera de su casa y durante la jornada laboral. De esos trabajadores, el 48,2 por ciento reconoce su dieta como poco saludable y la obesidad los afecta casi el doble que a quienes sí hacen una pausa para almorzar. De nuevo, no se trata de una serie de malos hábitos alimentarios: se trata de una estrategia para intentar paliar la falta de dinero que lleva a comer lo más barato posible o directamente saltearse comidas.
En tanto, sobre el 83,5 por ciento que sufre alguna vulnerabilidad, el 61,1 por ciento se saltea comidas y el 78,5 por ciento opta por alimentos menos nutritivos. Mientras que el 56,2 por ciento padece ambos condiciones.
De los que no comen, la ausencia de alimentos “se concentra en trabajadores mayores de 45 años, del sector público, de empresas pequeñas y, de manera relevante, en la región del NEA, donde la mitad de los trabajadores declara no comer en su horario laboral”. El informe destaca las diferencias geográficas: “Las regiones del NEA y el NOA presentan los mayores niveles de dificultad, tanto en el acceso a la comida como en las oportunidades de comensalidad. En contraste, el AMBA y la región Centro muestran mejores condiciones, reflejando una brecha que combina disponibilidad de infraestructura, dinámicas productivas y tal vez, proximidad a centros urbanos
La encuesta analiza el entorno laboral y la infraestructura de las empresas para procurar que sus trabajadores tengan una alimentación saludable. En ese aspecto, el 41,5 por ciento de los encuestados almuerza en su escritorio y el 32,3 lo hace en soledad. Ahí también impacta el tipo de trabajo: “El teletrabajo se asocia con alimentación en soledad (77%), mientras lo presencial facilita, pero no garantiza, la interacción”.
¿Qué hacen los empleadores para mejorar la alimentación de sus trabajadores? Según el informe, en la Argentina, solo el 44,4 por ciento de los trabajadores recibe algún aporte de su empleador para la alimentación, y se trata de un beneficio regresivo, porque es percibido para los cargos de mayores ingresos. No solo eso, sino que el informe registra que en muchos casos la pausa para comer (al mediodía) no se respeta: “Aunque la mayoría toma pausas para comer, un 26% enfrenta dificultades para hacerlo de forma regular. Los trabajadores del sector público, con menores ingresos y con menos equipamiento en su lugar de trabajo son los más perjudicados, lo que sugiere que la organización laboral y los recursos disponibles condicionan este tiempo básico para el bienestar”.
Entre quienes valorarían tener ese derecho (un 80,4% de los encuestados) están sobre todo los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y quienes ya enfrentan vulnerabilidad alimentaria (91,5%).
Las cifras reveladas por el informe de la UCA va a contramano de los parámetros establecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que define el lugar de trabajo como un espacio clave para promover hábitos saludables.
Por eso, el informe de la UCA sostiene señala que “países como Francia, Italia y Brasil cuentan con sistemas consolidados de beneficios alimentarios con incentivos fiscales” y agrega que “la alimentación durante la jornada laboral aparece como una demanda y preocupación extendida”.