A 50 años del golpe “otro mundo es posible”
Los sacerdotes católicos siguen reclamando “memoria, verdad y justicia”, ratifican que “fueron 30 mil” y señalan que “la memoria es viva y activa”. Rechazan la “esclavizante reforma laboral, la baja de edad de punibilidad, la reforma a la ley de glaciares” y los insultos que profiere el presidente contra todo aquel que piensa distinto.
Fecha/Hora: 23/03/2026 21:14
Cód. 110462
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El grupo de sacerdotes católicos conocidos bajo la denominación de Curas en la Opción por las y los Pobres (COPP) emitió un documento -con ocasión del cincuenta aniversario del golpe militar de 1976- en el que afirman que “otro mundo es posible”, siguen reclamando por “memoria, verdad y justicia” y ratifican que “fueron 30 mil”. A modo de reafirmación de los principios que los animan, los sacerdotes que trabajan en medios populares recuerdan que “para los cristianos el tiempo previo a la Pascua, la Cuaresma, es tiempo de reflexión, de memoria, de autocrítica, de revisión y compromiso militante con la vida”. Pero, agregan, “para los argentinos, además es tiempo de pensar, revisar y militar la vida haciendo memoria que hace 50 años se produjo un golpe de estado cívico militar con bendición eclesiástica, el más cruel que hemos conocido y que dio origen a una dictadura cruel y genocida”.
Por tal motivo, dicen, “hacer memoria no se trata, simplemente de evitar un Alzheimer social, sino mirar bien de frente los horrores, los delitos, los crímenes y las complicidades porque sabemos que se trata de algo perverso que disuelve de raíz los cimientos de la patria, se trata, en cristiano, de pecado”. Y de “pecado mortal” dicen los curas, porque “los muertos nos reclaman palabras y acciones” hoy, “porque la memoria es viva y activa”.
En su texto los COPP sostienen que “cuando ayer (y hoy) dijimos ¡nunca más! no se trató de cerrar una etapa sino de comenzarla”. Y describen que “nunca más al terrorismo de Estado o la violencia genocida que persisten en volver; nunca más a la imposición de modelos económicos, políticos, culturales que excluyan a los más débiles y pobres e impongan el poder de unos pocos sobre las mayorías y lo siguen haciendo; nunca más a la violencia al que piensa distinto y a una Iglesia cómplice de los poderosos”.
En uno de los párrafos más críticos al actual gobierno, el comunicado de los curas refiere al grupo de “los poderosos” que impulsaron el golpe de Estado cincuenta años atrás, recuerda que el Estado condenó a los “brazos armados” pero no “a las cabezas impulsoras” que “se resisten ayer y hoy a reconocer que su modelo es solo eficaz para unos pocos y cruel con la mayoría”. Por eso, sostienen los COOP, “volvieron y siguen volviendo, negando el pasado, ocultando la muerte y travistiendo la justicia”.
Dicen entonces que, impulsados por la memoria de los mártires, “cristianos o no” que “impulsa, nos fortalece y nos guía” es “otra la patria que pretendemos es otra la mirada a las y los otros, obturada por el individualismo feroz”. Sin desconocer que “hay decenas de sujetos del ambiente político que han traicionado el voto que los puso en un lugar de decisiones” afirman creer en que “es otro el mundo que soñamos e imaginamos posible”.
Al finalizar la declaración los sacerdotes reafirman, “como curas y cristianos” que “la justicia social es un valor fundamental para ser una patria de hermanas y hermanos”, contradiciendo a lo que reiteradamente sostiene Javier Milei. Reafirman que “el trabajo digno, justo y bien remunerado es la base de la humanidad” y que “la lealtad al pueblo de los pobres es el punto de partida de una sociedad en la que podamos convivir con la diferencia y poniendo a los pobres en el centro”. Por eso –dicen- “rechazamos la esclavizante reforma laboral, la baja de edad de punibilidad, la reforma a la ley de glaciares, y los insultos que profiere el presidente a toda aquella persona a toda aquella persona que piensa distinto”.
Por tal motivo, dicen, “hacer memoria no se trata, simplemente de evitar un Alzheimer social, sino mirar bien de frente los horrores, los delitos, los crímenes y las complicidades porque sabemos que se trata de algo perverso que disuelve de raíz los cimientos de la patria, se trata, en cristiano, de pecado”. Y de “pecado mortal” dicen los curas, porque “los muertos nos reclaman palabras y acciones” hoy, “porque la memoria es viva y activa”.
En su texto los COPP sostienen que “cuando ayer (y hoy) dijimos ¡nunca más! no se trató de cerrar una etapa sino de comenzarla”. Y describen que “nunca más al terrorismo de Estado o la violencia genocida que persisten en volver; nunca más a la imposición de modelos económicos, políticos, culturales que excluyan a los más débiles y pobres e impongan el poder de unos pocos sobre las mayorías y lo siguen haciendo; nunca más a la violencia al que piensa distinto y a una Iglesia cómplice de los poderosos”.
En uno de los párrafos más críticos al actual gobierno, el comunicado de los curas refiere al grupo de “los poderosos” que impulsaron el golpe de Estado cincuenta años atrás, recuerda que el Estado condenó a los “brazos armados” pero no “a las cabezas impulsoras” que “se resisten ayer y hoy a reconocer que su modelo es solo eficaz para unos pocos y cruel con la mayoría”. Por eso, sostienen los COOP, “volvieron y siguen volviendo, negando el pasado, ocultando la muerte y travistiendo la justicia”.
Dicen entonces que, impulsados por la memoria de los mártires, “cristianos o no” que “impulsa, nos fortalece y nos guía” es “otra la patria que pretendemos es otra la mirada a las y los otros, obturada por el individualismo feroz”. Sin desconocer que “hay decenas de sujetos del ambiente político que han traicionado el voto que los puso en un lugar de decisiones” afirman creer en que “es otro el mundo que soñamos e imaginamos posible”.
Al finalizar la declaración los sacerdotes reafirman, “como curas y cristianos” que “la justicia social es un valor fundamental para ser una patria de hermanas y hermanos”, contradiciendo a lo que reiteradamente sostiene Javier Milei. Reafirman que “el trabajo digno, justo y bien remunerado es la base de la humanidad” y que “la lealtad al pueblo de los pobres es el punto de partida de una sociedad en la que podamos convivir con la diferencia y poniendo a los pobres en el centro”. Por eso –dicen- “rechazamos la esclavizante reforma laboral, la baja de edad de punibilidad, la reforma a la ley de glaciares, y los insultos que profiere el presidente a toda aquella persona a toda aquella persona que piensa distinto”.