La literatura como territorio: la Plaza Borges abre un nuevo capítulo cultural en la ciudad

La inauguración por parte de la Municipalidad no fue solo la apertura de un espacio público: fue la irrupción de la literatura en movimiento, un gesto que transforma el paisaje urbano en un escenario donde las palabras respiran, circulan y se vuelven encuentro.

Fecha/Hora: 16/04/2026 09:02 Cód. 110710 Tiempo de lectura: 3.55 minutos.
En ese cruce entre cultura, territorio y comunidad, la Municipalidad de Paraná impulsó una propuesta que puso a la literatura en el centro de la escena. Lecturas, intervenciones, música y actividades para distintas edades le dieron forma a una jornada que dejó en claro que los libros también pueden habitar el espacio público.

El escritor Mempo Giardinelli, que participó en una de las charlas durante la inauguración, lo sintetizó: “Parece un acto de justicia. Todo escritor importante de cualquier sociedad merece un monumento, un cuadro. Los escritores, como los pintores o los músicos, vamos pintando la vida, y está bien que eso se conozca”.

En ese sentido, remarcó el valor de acercar la literatura a las nuevas generaciones: “Es bueno que los pueblos, sobre todo los chicos y chicas, tengan cercanía con eso”. Y proyectó, sin dudar, el destino del espacio: “En cinco o diez años esto va a ser un ícono de la ciudad. Sigan viniendo, hagan cosas, metan festivales, pongan a gente a bailar, a escribir, a saltar. Es una maravilla”.

En esa misma línea, el periodista paranaense Jorge Riani, quien moderó el conversatorio junto a Giardinelli, aportó una mirada que conecta la figura de Borges con la identidad local: “Inaugurar una plaza con su nombre no solo es rendir homenaje a su estatura literaria, sino también devolverle a alguien que siempre sintió a Paraná como un poco propia”.

Riani recordó los vínculos del autor con la ciudad -desde su padre nacido aquí hasta su bisabuelo cuyos restos descansan en el cementerio municipal- y destacó que la elección de una plaza como espacio de reconocimiento no es casual: “Borges habitaba los espacios, incluso desde la ceguera, caminando, conociendo, apropiándose del mundo a través de los sentidos”. Para el periodista, la iniciativa es, en definitiva, “un acto de poética justicia” que también refleja el afecto que la ciudad mantiene por el escritor.

La plaza, entonces, no es solo homenaje: es una invitación abierta. Un lugar donde la literatura deja de ser objeto estático para convertirse en experiencia compartida.

En esa línea, el escritor y periodista Daniel Mecca aportó una clave contemporánea para pensar el vínculo entre Borges y el espacio público: “La idea de Borges es pensar la literatura como un hecho que ocurre en el movimiento. Crear una plaza es precisamente darle ese movimiento a su obra”.

Lejos de una visión solemne, Mecca planteó el desafío de acercar a los jóvenes a universos literarios complejos desde nuevas formas: “La juventud ya está integrada dentro de la literatura de Borges, pero a veces se genera cierta solemnidad en torno a su obra. Entonces, buscamos crear otros estímulos, otras derivas, como canciones o lecturas desde códigos más cercanos”.

La escritora Belén Zavallo puso el acento en el valor simbólico y comunitario del espacio: “Es una alegría por la plaza en sí. Creo que, así como las primeras civilizaciones se formaron en torno a las plazas, estos siguen siendo lugares para encontrarse y discutir”.

La elección del nombre no es casual. Para Zavallo, el cruce entre Borges y el barrio abre una dimensión cultural potente: “Que lleve el nombre de Jorge Luis Borges y que dialogue con su obra es también entrar en un mundo cultural dentro de un espacio amable”.

Vecina de la zona, destacó además el proceso de apropiación social del lugar: “Ya antes de la inauguración veníamos con mis hijos. Es un territorio que sentimos nuestro. Y eso es clave: que el Estado invite a los ciudadanos a sentirse parte, a cuidar lo que es propio”.

En tiempos que definió como “hostiles”, la autora subrayó el valor de este tipo de políticas públicas: “Abrir un espacio como una plaza y pensarla de esta manera es fabuloso. Es una forma de resistir, incluso frente a una cierta destrucción lingüística que vivimos como época”.

La Plaza Borges nace así como algo más que un punto en el mapa: es un gesto cultural, una apuesta a la palabra como puente y una invitación a habitar la ciudad desde otro lugar. Porque cuando la literatura sale a la calle, deja de ser solo lectura. Se vuelve experiencia. Y, sobre todo, se vuelve comunidad.