“Con cien impresoras se resuelve el déficit habitacional”

El ingeniero cuenta los alcances del desarrollo conjunto con Astillero Río Santiago. La impresora de viviendas 3D que podría construir un barrio por mes.

Fecha/Hora: 12/06/2026 09:21 Cód. 111258 Tiempo de lectura: 4.3 minutos.
El proyecto comenzó a mediados de 2024 y ya está en su fase final. Empezó con la premisa de imprimir una vivienda completa de 60 metros cuadrados en aproximadamente 50 horas, con sus divisiones internas y dejando espacios para las aberturas, siguiendo estándares que actualmente se manejan en algunos países de Europa.

El equipo de Astillero Río Santiago (ARS) desarrolló la estructura del pórtico de impresión 3D, que tiene una dimensión de 6 metros de ancho y 11 metros de altura, mientras los ingenieros de la UNLP trabajaron en los componentes electrónicos, mecánicos y eléctricos y sobre la mezcla que utiliza el mortero cementicio.

Una impresora 3D de construcción es una máquina que levanta paredes como si hiciera una manga de repostería gigante, pero guiada por computadora. En vez de poner ladrillo por ladrillo, deposita cordones de material cementicio uno sobre otro hasta formar la estructura de la casa. La casa no sale lista como de una fotocopiadora: la impresora hace una parte muy importante, pero después hay que completarla con construcción tradicional.

Mientras supervisa los últimos ajustes, Daniel Tovio, que en tanto autoridad de la secretaría de Producción de la UNLP, es responsable del Polo Productivo de Los Hornos, donde se encuentra actualmente la máquina, le cuenta los pormenores a Buenos Aires/12.

Tovio destaca el liderazgo de Fernando Tauber, el presidente de la UNLP que impulsó el proyecto y lo considera “como una propuesta única por sus características y su potencial”.

--¿Ya la vio el Ministerio de Hábitat? ¿Qué devolución les hicieron?

--Siempre estamos en contacto con el ministerio de Hábitat de la provincia. El contacto es directo entre la ministra, Silvina Batakis, y nuestro presidente, Fernando Tauber. Nosotros ya tenemos un convenio vigente, por el cual estamos construyendo seis casas de madera entramada en Ensenada. Ya hubo conversaciones respecto a esta nueva tecnología. Ahora, antes de firmar nada, se requiere el cumplimiento de una serie de pasos técnicos, pruebas y homologaciones, tanto de la vivienda como de sus componentes por separado.

--¿La producción de la impresora es escalable o falta algo todavía?

--Trabajamos en simplificar la tecnología para acercarnos a la posibilidad de producir impresoras en serie. Cuanto más simple la tecnología, mayores chances de que eso ocurra, de que no requiera de mano de obra tan especializada y los costos de producción sigan bajando. En esta impresora convergen una serie de campos de la ingeniería. Desde la electrónica de los comandos, la mecánica con sus cálculos, la construcción propiamente dicha y el diseño de las viviendas, que debe adaptarse y considerar las capacidades y limitaciones de la máquina.

--Volvamos a los costos.

--Si alguien tuviera que salir a armarla, por ejemplo, en Europa, le costaría, según un cálculo aproximado, no menos de doscientos ochenta mil dólares. Gracias al acuerdo con Astillero Río Santiago, nosotros invertimos un poco más de la mitad de esa cifra. Y lo que logramos, por ahora, es único. Lo que existe son brazos que van hacia adelante y hacia atrás, pero este es capaz de describir arcos, con lo que sus posibilidades son mucho mayores.

--¿Hay antecedentes internacionales de vivienda social con esta tecnología?

--Hasta donde sabemos, los países que aplican esta tecnología para la construcción de vivienda social son China e India. En el resto del mundo, es una técnica más empleada en el otro extremo de la pirámide, en viviendas de sectores medios y acomodados.

--¿Cómo lo pensaron?

--Como un desafío. Justamente, el desafío inicial era encontrar cómo construir viviendas de calidad con una inversión mínima, para facilitar la escala, y lo logramos. El resultado final son viviendas confortables, con un rendimiento térmico muy superior al de la construcción tradicional.

--¿Con qué ahorro?

--Es prematuro decirlo, porque seguimos experimentando y eso modifica los números a la baja constantemente. Por ejemplo, el techo. Inicialmente iba a ser de una manera, pero ahora va a ser con módulos, que lo abaratan.

--¿Cómo sería desde un cálculo conservador?

--El ahorro va a ser de al menos el cincuenta por ciento respecto de los mil ochocientos o dos mil dólares que vale hoy en el mercado el metro cuadrado de construcción tradicional. Nuestro objetivo mío es ir y construir en el terreno, en obra, en el lugar que sea. Muchos de los que usan esta tecnología construyen en una planta propia y luego trasladan, lo que implica un costo adicional. También queremos incorporar los materiales de cada zona. Por ejemplo, el cemento es un commodity, pero la arena es distinta en cada lugar. Tenemos que desarrollar un sistema capaz de incorporar materia prima de cada lugar geográfico.

--¿Entonces qué faltaría para revolucionar la vivienda social?

--Para intervenir realmente sobre el déficit habitacional del país se requiere n cien impresoras como esta, ese es el desafío. Este es un prototipo. Pensando en esa escala, seguimos conversando con Astillero, evaluando roles, definiciones. Astillero es el dueño de la tecnología. Ahora se encara una segunda impresora, más específica para el desarrollo de vivienda social. Ese know how es nuestro. Hubo mucho desarrollo propio, para sustituir componentes y bajar costos.