Las Malvinas siempre están

Docentes, investigadores, funcionarios, dirigentes de clubes de barrios y hasta un empresario, cuentan cómo la causa por la soberanía de las islas ocupadas por Gran Bretaña atraviesa identidades, prácticas y decisiones.

Fecha/Hora: 15/07/2026 08:36 Cód. 111550 Tiempo de lectura: 7.34 minutos.
La inminencia del partido de semifinales entre las selecciones de fútbol de Argentina e Inglaterra disparó una discusión generalizada: ¿Se trata “sólo un partido de fútbol” o hay “algo más”? La respuesta (casi) no admite respuestas monosilábicas.

Se trata de una obvia alusión al historial de conflictos con la potencia que intentó invadir Buenos Aires dos veces hace dos siglos y permanece como usurpador en las islas Malvinas, que forman parte del territorio de la provincia argentina de Tierra del Fuego.

En ese contexto, Buenos Aires/12 dialogó con distintas personalidades vinculadas al deporte, la sociología y la construcción de las identidades e imaginarios populares. en busca de una respuesta más elaborada y compleja.

Marcos Cianni es secretario de Deporte Social del ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia. Su tarea lo lleva a recorrer barrios populares de toda la provincia e interactuar con dirigentes de clubes, experiencia que le da sustento a su diagnóstico.

Cianni explica que “en los clubes de barrio, las Malvinas están siempre presentes, no sólo entrelazadas con el fútbol sino en general, como parte de la comunidad”.

El funcionario da ejemplos concretos. “Hoy, la mayoría de las camisetas de los clubes de barrio tienen el mapa de las Malvinas en una manga o en las dos, más grandes o más chicas, pero siempre están”, detalla.

Apenas dos semanas atrás, cuenta, compartieron una experiencia con vecinos de Beccar, San Isidro, en el Club Juventud, conocido en la zona como los repolleros, porque antes allí había una huerta. “Los socios realizaron un mural en venecitas junto con el Comando Maradona. El motivo que eligieron fue, justamente, el Diego y las Malvinas. Estuvo Edgardo Esteban en la inauguración, invitado por ellos mismos, y cantó el himno Fabio Santana. En ese club, que no es una excepción, el gimnasio fue bautizado Nuestras Malvinas”, cuenta.

Juan Recce es empresario y a la vez estudioso de la historia y la geopolítica. En 2018, como ejecutivo, desobedeció la orden de los dueños de la multinacional brasileña Paquetá de vender las máquinas de la fábrica de calzado deportivo que poseían en Chivilcoy, valuadas en 18 millones de dólares.

Logró armar un pool de inversores nacionales y reabrirla bajo otro nombre, Bicontinentar, en referencia a la posición argentina, en América y la Antártida. En 2024 se negó a importar e intentó seguir fabricando botines, ahora bajo la marca Argie.

Para Recce “hay un elemento común, que enhebra el fútbol en los barrios, las proezas de Diego en México 86 y el coraje de los soldados. Es las resiliencia, la capacidad de agrandarse en la adversidad, de sacar fuerzas cuando todo parece perdido. Por eso uno de nuestros modelos se llama Gaucho Rivero, alguien que se enfrentó a un ejército prácticamente en soledad”.

“Si me permitís una comparación, es lo que siente el tipo que toma riesgo para producir en este país, cuando hasta el gobierno te dice que te rindas o que importes”, comenta.

La academia y los veteranos
José Garriga Zucal dirige la Escuela de Doctorado de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y su campo de estudios es conocido como sociología de la violencia.

Es autor de libros como “Nosotros nos peleamos: violencia e identidad de una hinchada de fútbol“, “Haciendo amigos a las piñas: violencia y redes sociales de una hinchada de fútbol” y “La era del aguante: barras, hinchas, violencias y muertes en el fútbol argentino”. Junto con sus colegas, elaboró un decálogo para ayudar a comprender qué se juega este miércoles, además del pase a la final:

Uno. Para las ciencias Sociales el fútbol es un objeto privilegiado para reflexionar sobre la identidad nacional, la clase, el género, el poder, etc. Como objeto de investigación un partido siempre es más que un partido.

Dos. Los partidos duran 90 o 120 minutos. Sus efectos emocionales, identitarios, narrativos exceden estos pocos minutos.

Tres. Durante el mundial de fútbol, en nuestra sociedad, se activa una maquinaria identitaria de lo nacional. Antaño era el Estado el principal motor de estas narrativas, hoy son las publicidades y las industrias culturales en el futbol mundialista. Contra este rival, y en esta instancia definitoria, las revoluciones de esa maquinaria se multiplican.

Cuatro. La maquinaria construye un otro: colonialista, invasores, piratas. Y un nosotros, periférico pero resistente. La narrativa imaginaria es mutante y siempre disputada.

Cinco. La guerra de Malvinas está presente, muy presente, en el imaginario argentino. Escuchamos, hablamos y cantamos sobre “los pibes de Malvinas” en el jardín de infantes, en la escuela, en la universidad, en las canchas. Un imaginario emotivo alejado, muchas veces, de una discusión profunda sobre soberanía.

Seis. Un partido de fútbol no es la guerra por otros medios (no lo fue en 86, ni en el 1998). Sin embargo, el partido activa/alimenta la memoria de la guerra y sus emociones.

Siete. La identidad nacional vinculada al fútbol se construyó en contraposición a los ingleses, inventores del fútbol. Una identidad fundada sobre los pilares del talento y la improvisación contrapuestos al orden y la disciplina.

Ocho. Los partidos con los ingleses estuvieron siempre, por esta contraposición identitaria, cargados de una gran emotividad. Hoy, más que nunca, recordamos a Ratín y su gesto para con el banderín, luego de ser expulsado en el mundial del 66.

Nueve. Cuatro años después de la guerra, Maradona hizo del partido del 86 un mojón ineludible. Revivió la identidad futbolera al convertir dos goles con características que según la narrativa identitaria nos definen: la picardía y la gambeta.

Diez. Ningún gol ni partido modifica la historia. El jueves las islas seguirán ocupadas, no habrá cambios en la política internacional y el sistema científico argentino seguirá brutalmente desfinanciado. Pero durante 90 o 120 minutos una comunidad experimentará la ilusión de un nosotros, compartirá emociones que contribuirán, en próximas ediciones, a mover los engranajes de la maquinaria identitaria.

En ese último punto aparece una posición que sobrevuela todos los análisis en torno al partido, desde los más apasionados hasta que bucan correrse del debate histórico, la certeza de que la recuperación de la soberanía efectiva de las Malvinas debe ser por medios diplomáticos.

Para Aldo Leiva, excombatiente, militante peronista y diputado nacional por la provincia del Chaco “no es un partido de fútbol más”. “Es un partido que vamos a jugar contra los descendientes y herederos de los que intentaron usurparnos dos veces en 1806 y 1807, contra los que mataron a 649 hermanos nuestros en la guerra, todo eso le aporta un condimento especial”, afirmó.

“Entiendo perfectamente la posición de Scaloni y de los jugadores, porque ellos deben sostener un discurso que no los saque de su eje, pero por algo se le da tanta trascendencia y medidas de seguridad extrema”, señaló.

En una discusión de tanta relevancia, que con el correr de las horas y la novedad de la prohibición de llevar imágenes de Malvinas al estadio, impuesta por FIFA y aceptada sumisamente por el gobierno argentino, el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (Cecim) de La Plata también hizo su aporte.

“Ahora se viene un partido de una trascendencia enorme. Una semifinal del mundo ya es gigante por sí sola; sumarle el rival que está enfrente la vuelve histórica. Pero no se olviden de algo: sigue siendo solo un partido de fútbol. Nada más y nada menos”, dice uno de los párrafos centrales del texto que publicaron para dar respuesta a las miles de solicitudes que les consutaron por el partido.

Como lo cortés no quita lo valiente, también se permiten picantearla un poco. “Sobre los enfrentamientos contra los ingleses, queremos decirles algo con el corazón en la mano: Diego ya nos vengó. No quedan deudas deportivas que saldar con ellos. Así que salgan a esa cancha a hacer lo que mejor saben hacer: jugar al fútbol”.

“Sabemos que ustedes entienden perfectamente que para nosotros no es un partido cualquiera. Pero les pedimos que mantengan la calma. Jueguen con ese espíritu de potrero, con la resiliencia y la rebeldía que el futbolista argentino lleva desde la cuna y que es nuestra marca registrada en el mundo. Todo un país va a estar empujando detrás de ustedes. Sabemos que van a dar la vida, que van a correr sobre el cansancio y el trajín del torneo. Pero jueguen liberados: el resultado de un partido no los va a definir. El bronce y el amor eterno del pueblo ya lo tienen ganado”, dice el texto hablándole directamente a los jugadores.

“Nosotros, los Pibes de Malvinas, estamos con ustedes. Un partido no define una causa que es, fue y será permanente. Pero sabemos quiénes son: sabemos que crecieron en nuestra tierra, que se formaron en nuestras escuelas públicas y que allí aprendieron sobre el territorio que nos usurparon y sobre los pibes que se quedaron custodiándolo para siempre. Jueguen por ustedes, jueguen por la camiseta. Nosotros los abrazamos desde acá”. cierra el texto, en modo aliento.