El adiós a Rubén Rada

Construyó durante más de seis décadas una obra que llevó el candombe y la cultura afrodescendiente al centro de la música popular. Su conexión con Argentina también quedó inscripta en su propia familia. Sus tres hijos, Lucila, Julieta y Matías, nacieron en Buenos Aires y desarrollaron carreras vinculadas a la música y las artes, construyendo a su vez trayectorias entre Argentina y Uruguay.

Fecha/Hora: 27/08/2026 13:45 Cód. 111926 Tiempo de lectura: 4.95 minutos.
Rubén “El Negro” Rada falleció ayer a los 83 años. Su partida física genera un impacto enorme en la escena artística al tratarse de una de las figuras fundamentales de la música popular rioplatense, pero queda una obra que durante más de seis décadas hizo mucho más que mezclar géneros: llevó la raíz afrodescendiente del Río de la Plata a lugares donde no podía entrar. Cantante, percusionista, compositor y un performer sin igual, Rada hizo convivir candombe, rock, funk, jazz, soul, murga y música popular sin pedirle permiso a ninguna etiqueta. Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, creció entre Palermo y Barrio Sur, en una familia atravesada por la música y por la tradición afrodescendiente. Su padre, Raúl Rada, era repiquetero de candombe. Su madre había llegado desde Brasil y cantaba en una escola de samba. Desde muy chico, los tambores formaron parte de su vida: con sus primos tocaba en la calle y, alrededor de los diez años, comenzó a salir con comparsas como Añoranzas Negras y Morenada.

En palabras del propio Rada:

“Yo soy candombe. Nací en el candombe. El tambor siempre estuvo en mi casa, es algo natural en mí”.

Su orgullo y conciencia negra lo llevaron en numerosas oportunidades a posicionarse y denunciar el racismo en sus obras, por ejemplo con el éxito Quién va a cantar del disco homónimo, donde sentenciaba: “Cuando el racismo no tenga parientes me sentiré orgulloso de la humanidad”. O en el tema Sudáfrica, canción antigua del álbum Montevideo (1996).

Hermanito blanco

No se olvide que

Yo tengo la sangre

Igualita a usted.

Hermanito blanco

Qué feliz seré

Cuando el hombre olvide

Su color de piel.

Que negros y blancos

Canten de una vez

La canción deseada

De la sensatez.

La historia musical de Rada también es la historia de un artista que se negó a elegir una sola identidad musical. Con Eduardo Mateo en El Kinto participó de una transformación que terminaría dando origen al candombe beat. Después llegaron Tótem, Opa y una carrera solista en la que el rock, el funk, el jazz y el candombe convivieron permanentemente. Hasta llegó a transformarse en superhéroe para las infancias, Rubenrá, con su proyecto musical Rada para Niños donde descubrió una forma de construir futuro, acercándose a las nuevas generaciones desde la música, sin subestimarlas y entendiendo que el público infantil también merecía una obra pensada con la misma seriedad que cualquier otra. También pensó en quienes muchas veces quedaban afuera de esos espacios: mantuvo entradas muy accesibles para que las familias pudieran asistir y luego comenzó a llevar a niños de barrios populares y distintas instituciones a sus espectáculos. Durante 15 años, desde su comienzo en 1999, Rada para Niños se convirtió en un clásico de la escena infantil uruguaya y llegó también a Buenos Aires, con espectáculos, discos y personajes que acompañaron a varias generaciones.

La historia de Rubén Rada también se escribió de este lado del Río de la Plata. Su vínculo con Argentina fue mucho más profundo que el de un músico uruguayo que cruzaba la frontera para tocar. Durante varios años vivió en Buenos Aires, trabajó, grabó, participó de distintos proyectos y construyó una relación con un público que terminó incorporándolo como parte de su propia cultura musical. Pero esa conexión atravesó incluso su propia historia familiar. Sus tres hijos, Lucila, Julieta y Matías, nacieron en Buenos Aires y desarrollaron, cada uno desde su propio camino, carreras vinculadas a la música, llevando también parte de ese legado entre ambas orillas.

Rada dejó una obra que excede cualquier clasificación, su legado más profundo está en haber demostrado que la cultura afrodescendiente podía ocupar el centro de la escena sin dejar de reconocerse en sus propios orígenes. Su historia también puede leerse en la de sus hijos y en las generaciones de músicos que encontraron en su obra una puerta hacia el candombe y hacia una forma distinta de entender la música rioplatense como heredera de una tradición de toda la diáspora africana.

Su partida física deja un vacío enorme en la escena pero su obra lo hace eterno, está en los barrios donde nació el candombe; está en las comparsas; está en los músicos que aprendieron de él; incluso en las tribunas en canciones de distintos clubes de Uruguay y Argentina; está en su familia; y en cada generación que encontró en Rubén Rada un artista comprometido con su comunidad.

“Llevo el peso de mi raza arriba de mis hombros”, dijo alguna vez Rada cuando le preguntaron qué significaba ser un referente. Y después expresó también un deseo: “Me gustaría que haya más grones acompañándome ahí arriba”.

Su paso a la inmortalidad resonó con profunda fuerza de este lado del río, donde la organización afroargentina DIAFAR lo despidió con afecto en sus redes para honrar su vida y su legado. Desde sus plataformas rescataron un valioso mensaje que el artista les había dejado durante los Carnavales Afrodescendientes en CABA en 2014, recordando a Rada como un hermano que supo acompañar las luchas y celebrar la identidad negra desde el arte. Con un contundente «Que viva siempre tu tambor», la comunidad celebró a quien fue, es y será un faro ineludible de orgullo, memoria y compromiso para todo el Río de la Plata.

Hoy nos toca acompañarte con un dolor inmenso, pero también con la certeza de que aquel deseo se convirtió en un camino que abriste para que hoy muchos puedan caminarlo.

Hasta siempre, hermano. Desde NEGRX abrazamos a toda la familia Rada y agradecemos una vida entera haciendo lugar para los nuestros.

Por Gabriel "Rulock" Pineda
*Artista y activista antirracista afroargentino de DIAFAR