Derechos Humanos: El represor declaró en el juicio por robo de bienes

Donda admitió que el secuestro de niños era una práctica habitual en la ESMA

Al pasar, Donda dijo que generalmente el grupo de tareas se llevaba a los hijos de quienes eran secuestrados, pero buscó minimizarlo. “Más de dos días no estaban”, afirmó. Eva Basterra, que tenía dos meses cuando la llevaron al campo de concentración, respondió: “No dejaremos que estos ñatos se la lleven de arriba”.

Fecha/Hora: 05/11/2026 07:51 Cód. 112538 Tiempo de lectura: 6.23 minutos.
Adolfo Donda declaró que era habitual que los grupos de tareas se llevaran a los hijos de las personas que secuestraban. Lo dijo en referencia a los operativos que realizaba el grupo de tareas que actuaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), del cual él fue jefe de Operaciones. La admisión, hecha al pasar durante su indagatoria en el juicio en el que se investiga el robo de bienes que sufrieron los desaparecidos, es un reconocimiento de que los niños y las niñas terminaron siendo destinatarios directos de la maquinaria de tortura y muerte que montó la última dictadura.

Donda tiene 80 años. Está preso en el pabellón B de la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde purga la pena de prisión perpetua. Sin embargo, este miércoles por la mañana, decidió ir a los tribunales de Comodoro Py, de impecable traje, para declarar en indagatoria.

El represor está acusado de haber forzado a Víctor Basterra para que les entregara la casa de Valentín Alsina en la que vivía cuando fue secuestrado el 10 de agosto de 1979. La madre de Basterra, Aída Aguirre, firmó los papeles en una escribanía a la que la llevó el prefecto Juan Antonio Azic. Por la venta nunca recibió un peso, solo la promesa de que su hijo iba a ser liberado a fines del año ‘80. Le mintieron. Basterra recuperó la libertad mucho después: cuando ya había retornado la democracia. Eso, sí, fue sacando pruebas, entre ellas fotografías, para acusar a sus captores.

Después de una larga perorata en la que se mostró como víctima de una persecución a partir de las declaraciones de Basterra, Donda tuvo que responder a las preguntas de la fiscalía.

–¿Usted supo si Basterra estuvo cautivo en la ESMA con su hija? –le preguntó el fiscal Félix Crous.

–Sí, Basterra fue detenido y llevado a la ESMA con su mujer y una beba de dos meses –admitió el represor, que luego buscó decir que tenía fresca esa información porque había leído la causa.

Sin embargo, el relato de Donda continuó. “Generalmente en algunas detenciones se daban esos casos”, dijo en referencia a que secuestraran a cónyuges e hijos de las personas a quienes la Armada había señalado como blancos.

Dispuesto a discutir lo que habían declarado las víctimas sobre la permanencia de Dora Laura Seoane y su beba María Eva durante cuatro días en el campo de concentración, Donda derivó en otra admisión: “La beba y la mujer, fuera quien fuera, más de dos días no estaban”, deslizó.

La ESMA fue un lugar en donde hubo chicos secuestrados y donde nacieron bebés –incluso se llevaba a mujeres embarazadas desde otros centros clandestinos para que dieran a luz–. La cuñada de Donda, María Hilda Pérez, fue secuestrada por la Aeronáutica y luego trasladada a la ESMA: allí tuvo a su segunda hija, Victoria Donda, que fue apropiada por Azic.

Eva Basterra, aquella bebita que en agosto de 1979 estuvo secuestrada en el campo de concentración de la Marina, siguió la declaración a través de la transmisión de La Retaguardia. Le costaba creer lo que escuchaba.

“Naturalizar el horror: secuestrar a una beba de dos meses, pero tranqui que a los dos días eran liberadas; dar por sentada la impunidad, convencerse de la legalidad de los actos ilegales y clandestinos. Todas estas acciones me quedaron resonando al escuchar a Donda declarando por la casa que nos robaron el día de nuestro secuestro. Escuchar al tipo justificar el accionar del Estado terrorista porque “había dos armas en la casa de Basterra..”, convencido de que lo que hicieron era totalmente lógico, me revuelve el estómago y me parte la cabeza, porque pienso en ese convencimiento que les perdurará hasta el fin de sus días y confieso que un poco me aterra”, dice Eva, que es querellante en la causa junto con su madre y su hermana a través del abogado Rodolfo Yanzón.

Las otras confesiones
Donda también terminó admitiendo que él fue quien dio las órdenes para hacer la inteligencia previa al secuestro de la familia Basterra. Y dijo que había estado en la vereda de enfrente de la casa cuando ingresó la patota.

El procesamiento que dictó en 2007 el juez Sergio Torres lo desmiente. Seoane declaró que un hombre al que le decían Gerónimo –y después supo que se trataba de Donda– la metió a ella y a su beba en una habitación. Después le dijo que agarrara las cosas de la chiquita y las subió a ambas a un auto camino hacia el campo de concentración.

El juez Adrián Grünberg –que integra el Tribunal Oral Federal (TOF) 5 junto con Daniel Obligado y Adriana Palliotti– le preguntó a Donda si sabía si se habían llevado una escritura de ese operativo. “Desconozco. Generalmente las casas eran revisadas. Si se llevaba documentación, era revisada por otro sector”, contestó Donda.

El represor es representado por el abogado Guillermo Fanego, quien se refirió a las víctimas como delincuentes terroristas. “No eran población civil, eran delincuentes terroristas que combatieron”, dijo.

La definición del defensor no caía de la nada: venía después de que Donda dijera que Basterra había sido secuestrado por integrar las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). El represor relató que Argimiro Fernández, jefe de inteligencia de la Marina, había enviado, en los primeros años de la democracia, a distintos juzgados los “antecedentes” de quienes habían estado secuestrados bajo su poder durante la dictadura. Para el fiscal Crous, fue otra admisión relevante, sobre todo porque tiene una investigación abierta sobre los archivos de la Armada.

La declaración de Donda fue escuchada con interés por sus consortes de causa. Azic –por quien el exmarino dijo que sentía “desprecio” por haberse apropiado de su sobrina– siguió la indagatoria desde su casa, pero se negó a declarar.

También estaba en su hogar Eduardo Enrique Massera, hijo mayor del almirante Emilio Eduardo Massera, uno de los máximos responsables de la represión desatada por la dictadura. Massera hijo, que tiene 76 años, solo contestó a unas pocas preguntas de rigor. Dijo que se había recibido de abogado en la Universidad Católica Argentina (UCA), pero que había ejercido por poco tiempo el derecho. Por el contrario, se había dedicado a cuestiones financieras. De hecho, está acusado de haber sido parte de la asociación ilícita que funcionó en la ESMA y que tenía como fin último engrosar las arcas de la familia Massera, según la acusación formulada por el fiscal Eduardo Taiano.

Jorge Radice, hombre de confianza de los Massera, también se negó a declarar. Lo mismo que Ricardo Cavallo. Ambos siguieron la audiencia desde una sala de la Unidad 34 junto con Jorge Eduardo Acosta, que se hacía llamar “Tigre” dentro del centro clandestino.

Está previsto que Acosta y Alberto Eduardo González –otrora mentor de la vicepresidenta Victoria Villarruel– sean indagados este jueves. Lo mismo que Juan Carlos Rolón, que está en arresto domiciliario.

“Nada de esto es pasado –añade Eva Basterra–. Todo es presente y, por consecuencia, todo es futuro real, sin bolas mágicas ni oráculos. Estos tipos siguen transmitiendo su ideología, la siguen sembrando y lamentablemente sigue prendiendo. Pero nosotros también sembramos y nos reproducimos y creemos en la lucha y el cambio desde lo colectivo, pero, por sobre todas las cosas, nosotros no dejaremos que estos ñatos se la lleven de arriba”.